Reliquias que cuesta conservar

La Voz

AROUSA

VÍTOR MEJUTO

Más de noventa Seat 600 se reunieron en Vilagarcía cuando se cumple una década de la primera concentración Cada vez es más difícil reunir un número alto de Seat 600, debido a que su conservación cuesta mucho dinero y paciencia. Muchos de los amantes de estos vehículos acuden desde hace diez años a la concentración de Vilagarcía. Viejos conocidos y nuevos participantes, que relevan a sus padres, partieron en la tarde de ayer para recorrer parte del litoral arousano, aportando un poco de encanto y nostalgia a las carreteras de la comarca. A Illa y Cambados pudieron disfrutar de ellos gracias a las paradas que hicieron en ambos municipios para degustar mejillones y vino albariño, respectivamente.

18 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

L. S. VILAGARCÍA Aunque la inscripción para participar en la concentración estuvo abierta desde las diez de la mañana, los dueños de las reliquias del motor no madrugan y aparecieron la mayor parte a las cuatro de la tarde. A su llegada la organización les tomó los datos, les entregó una placa con su número y los obsequió con una bolsa con camisetas, gorras, carteles, pegatinas y abanico. Todo para tener cada año un bonito recuerdo. Algunos de los vehículos tenían sus cristales cubiertos de pegatinas de otras concentraciones, a modo de historial. Los 90 coches, menos que en la pasada edición en la que se reunieron 130, transportaban a unas 270 personas. Cada vehículo tenía su particularidad, tapicería de cuero o de rallas setenteras, parte frontal de coche de carreras, graffities decorativos, carrocería de colores muy vivos..., las peculiaridades mismas de unos dueños que se desplazan desde Asturias, Tordesillas, Toledo, Madrid y de toda Galicia para acudir a esta concentración. Un participante de Toledo, que acude todos los años, hizo caso omiso de los avisos que le daba su vehículo y que le decían que para él las aventuras en carretera habían terminado y acudió igual a la concentración. El 600 no dio más de sí y se quedó parado al llegar a Arousa. Numerosas son las peñas de los amantes de los 600 como demostraban las ventanillas de los vehículos, en las que se hacía propaganda de próximas concentraciones, de páginas web de una asociación lucense o del club de amigos de Tordesillas. Los cuidados que se les dispensan, la belleza de sus motores que parecen de juguete y los años que han soportando los embates de la industria, hace a estos coches merecedores del calificativo de reliquias.