Corría el año 1964 cuando la empresa Europa Sur, dedicada a la promoción turística, posaba sus ojos sobre O Grove. En esas fechas, su representante, Ángel Cabrera, acudió a la península meca para proponer al entonces alcalde la construcción de una urbanización de lujo en un enclave privilegiado: la zona de A Lanzada. Tres años después, el regidor meco, Francisco Alonso, firmaba el acuerdo de constitución de esa sociedad y escrituraba a nombre de Groveland un importante número de parcelas. A cambio de los terrenos, la parte privada debería haber abonado diez millones de pesetas o, lo que es lo mismo, siete pesetas por cada metro cuadrado. Pero la cuenta nunca fue saldada. Por eso, a principios de la década de los setenta, el alcalde Pepe Lores pidió que se declarase inexistente la sociedad y ordenó la recuperación de los terrenos a ella cedidos. Pero Europa Sur no lo permitió. En 1973 el dinero seguía sin aparecer y el asunto llegó a los juzgados de la mano del Ayuntamiento. Sin embargo, el desembarco en la alcaldía de Bea Gondar hizo mudar la actitud municipal, y el Concello volvió a despertar el proyecto de la urbanización. Pero ya era demasiado tarde.