Cientos de personas se agolparon en el paseo de A Calzada para recibir al presidente del Gobierno Más que una visita, lo del presidente del Gobierno en Cambados fue un maratón. Entre bajar del helicóptero y tomar la inexcusable copa de albariño transcurrieron unos cuarenta minutos. Eso sí, el revuelo que se montó fue de impresión. El máximo dirigente logró reunir en el tramo que une A Calzada y el Parador a todo un destacamento de periodistas, autoridades y gaiteiros, además de cientos de personas en busca del saludo del presidente tras las relucientes vallas metálicas. Todo esto sucedía bajo un estrecho cordón policial.
21 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.C. UZAL CAMBADOS A primera hora de la mañana, Cambados ya se había convertido en una fortaleza. El de ayer sería un día normal de mercado si no fuese por la invasión de agentes, guardaespaldas y perros policía. Además de todo un destacamento de periodistas que aguardaban las palabras del presidente y que finalmente, tras una larga espera, tuvieron que seguir a trompicones su fugaz visita. Alrededor de las 10.30, las aspas de un helicóptero anunciaron la llegada de Aznar. Para recibir a la comitiva presidencial, tras las vallas esperaban cientos de personas, algunas vestidas con sus mejores galas. Entre aplausos y ronquidos de gaita el máximo dirigente prodigó apretones de manos y besos entre los vecinos que se agolpaban tras las vallas. Aznar estuvo acompañado por el ministro de Interior, Mariano Rajoy, quién también recibió sus vítores, por el portavoz del Gobierno, Pío Cabanillas, y por el presidente de la Xunta, Manuel Fraga. Tras los saludos, el jefe del Gobierno fue investido con el título de catador de honor de Rías Baixas, en un acto organizado por el Consello Regulador, en el que Marisol Bueno actuó como maestro de ceremonias. Y entre tanto trajín, el responsable de Jóvenes Empresarios, José Luis Vilanova, aprovechó un minuto del presidente para hacerle llegar las peticiones del colectivo. Todo un record visto el panorama.