Hasta O Grove en botella

La Voz

AROUSA

VÍTOR MEJUTO

Una familia grovense ha encontrado un mensaje en una de las playas de San Vicente A la arena de una playa de San Vicente llegó, el pasado verano, una botella. En su interior, un pequeño papel con una dirección de Estados Unidos y una petición: «escribidnos para saber a dónde ha llegado este mensaje». El extraño documento fue encontrado por José Ángel Cambados, un marinero de O Grove que se lo entregó a su hija. Sandra, estudiante de ESO, se encargó de responder a aquella llamada. Ahora, hasta su casa de Os Campos ha llegado un gran sobre remitido desde Zionsville, en Indiana.

14 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

R. E. O GROVE Esta historia comenzó con un libro: Mensaje en una botella, del escritor Nicholas Sparks. De su lectura sacó Jayne, una ciduadana estadounidense, la idea de lanzar al mar dos botellas. Una, con el nombre de su hijo, Riley. Otra, con el de su hija, Claire. En el interior de las dos, una única dirección en Zionsville, en el estado de Indiana. Las botellas fueron lanzadas al océano en Nantucket Island en julio de 1999. Una de ellas llegó, un año más tarde, a la costa de la península de O Grove. En concreto, a un arenal de la zona de San Vicente. Allí, los saludos norteamerincanos fueron recibidos por José Ángel Cambados. Éste enseguida le entregó el pequeño papel a su hija, Sandra, quien se encargó de responder a la misteriosa misiva. Ahora, a su casa de Os Campos acaba de llegar el segundo mensaje de la famila americana. Un sobre lleno de sorpresas: una carta, un periódico local, un buen montón de fotos e incluso una cámara de un solo uso para que los grovenses les remitan sus retratos. Ahora, la familia Cambados ya sabe cómo son sus nuevos amigos del otro lado del océano. Y en Zionsville, los compañeros de clase de Claire ya saben que en un lugar llamado Galicia hay un pueblo marinero, O Grove. Se lo imaginan pintoresco. Igual que se imaginan a José Ángel, el meco que encontró su mensaje, como un hombre moreno, de pelo oscuro y ojos negros. «Menuda desilusión van levar», dice el aludido. Tiene el cabello claro y los ojos azules, muy azules. El y su hija esperan a que vuelva a lucir el sol para poder hacerse las fotos que remitirán a Zionsville. Mientras tando, los alumnos del Monte da Vila, donde estudia Sandra, han cambiado los tradicionales ejercicios de inglés por trabajos con los periódicos llegados de esa ciudad de Indiana. Y del asunto se habla en todas las asignaturas. «Todos los profesores me dicen en clase que les cuente toda la historia», dice esta joven. Y lo hace encantada. «A mi me gusta hablar de esto».