EL PALOMAR
01 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.LOS ERRORES DEL HOMBRE DEL TIEMPO. Una vez más el hombre del tiempo se equivocó y anunció para Galicia un soleado día de Difuntos. Lo fue, pero sólo para los madrugadores que acudieron por la mañana a visitar los cementerios. Los camposantos de la comarca amanecieron soleados y floridos, y las familias se acercaron, como es de rigor, a visitar las tumbas de los seres queridos que ya sólo permanecen en el recuerdo. El día de Difuntos transforma los casi siempre silenciosos, tranquilos y solitarios camposantos en un devenir de gentes y niños acompañados de una inusitada actividad. Y hasta los más domésticos animales de compañía _que a fin de cuentas son también parte de la familia_ se unen a la comitiva. COLAS EN RUBIÁNS. Pero las lluvias que cayeron por la tarde no amedrentaron a los visitantes, y en el cementerio de Rubiáns se vivieron las habituales colas de vehículos que se suceden todos los primeros de noviembre. La policía local regulando el tráfico y los puestos de castañas y chucherías, a los que no faltaron clientes, fueron buena prueba de ello. A las cinco de la tarde hubo misa en la capilla del cementerio municipal, y los fieles acudieron protegidos con sus paraguas y oyeros la homilía en sus abarrotadas puertas. CORONAS, RAMOS Y RAMILLETES. Los nichos compitieron en la cantidad y calidad de sus ramos floridos. Pero sobre alguna que otra tumba descansaba ayer algún modesto ramillete de sencillas flores silvestres. Son esas tumbas, probablemente, las que conserven sus ramos todo el año, porque esas no son flores de Difuntos, son quizás las más sinceras de todas las que hoy empiezan a pudrirse sobre las lápidas.