La libertad de horarios, en aras de los derechos del consumidor, encrespa al pequeño comercio arousano La polémica está servida. El Consejo de Ministros dio luz verde la semana pasada al decreto de liberalización de horarios comerciales. Presentada como una decidida defensa de los derechos del consumidor, la medida persigue, a medio plazo, la apertura de los establecimientos durante doce festivos al año y un total de noventa horas semanales. A todo esto, el pequeño comercio arousano se tira de los pelos. El sagrado descanso dominical está en juego.
30 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.REDACCIÓN VILAGARCÍA El derecho de los consumidores a comportarse como tales es un valor al alza. Esto, al menos, es lo que se desprende de las últimas medidas liberalizadoras emprendidas por el Gobierno con respecto a los horarios comerciales. La libertad de apertura se presenta como la última conquista social del siglo que agoniza. La gente trabaja, y tiene todo el derecho del mundo a encontrarse tiendas e hipermercados abiertos para proveerse de sus artículos de uso más o menos cotidiano. Tal planteamiento cuenta, sin embargo, con una segunda lectura. Profundizando en los efectos prácticos del nuevo decreto surgen varios contratiempos para el pequeño comercio, que ha levantado su voz. En primer lugar, la imposibilidad de competir en igualdad de condiciones con las grandes superficies. Éstas, dotadas de amplias plantillas, están en inmejorables condiciones de incrementar su volumen de negocio con la desaparición de las barreras horarias. El comercio minorista, sin embargo, se vería obligado a prescindir de su tiempo de descanso, dada la dificultad que entraña el contratar a nuevos empleados para economías que, en la mayoría de los casos, son modestas. Existe, aunque perversa, una manera de equilibrar la balanza: la precarización de los contratos y la ampliación de la jornada laboral de los empleados. Estos son, en síntesis, los argumentos que los comerciantes ponen encima de la mesa para rechazar de plano la iniciativa emprendida por el Gobierno. Los más agudos avanzan un paso más, y buscan las causas de esta decisión. Y, sospechando, las atribuyen a las presiones ejercidas desde las denominadas grandes superficies. El pleno de Vilagarcía sirvió para constatar esta sensibilidad: el gobierno local echó mano de una serie de datos para plantear la evolución del sector desde 1976. Mientras por aquel entonces el pequeño comercio copaba el 86% de la cuota de mercado, los supermercados se limitaban a un 8% y los hipermercados a un ínfimo 6% Dos décadas después, los términos se invierten. El comercio desciende hasta el 17%, el supermercado asciende hasta el 52% y los hipermercados se hacen con un 31% Durante los dos últimos años, la tortilla parecía volver a sonreir a los minoristas. He aquí, dicen éstos, la razón de las presiones.