El Obradoiro y las canastas se abren paso en el Colegio de Ponte Carreira

M. García

ANDAR MIUDIÑO

La representación del Obradoiro se hizo la foto de grupo con alumnos y profesores del Colegio de Ponte Carreira
La representación del Obradoiro se hizo la foto de grupo con alumnos y profesores del Colegio de Ponte Carreira Garrei

El baloncesto incrementa su protagonismo en un centro escolar que se ha ganado el corazón del club

20 mar 2026 . Actualizado a las 18:37 h.

Sembrar y regar. Así se escribe la relación que mantienen el Obradoiro y el Colegio Público de Ponte Carreira desde hace tres años, cuando el centro escolar decidió participar en el concurso de dibujo convocado por el club para escoger las ilustraciones de su campaña de socios. Los alumnos se volcaron de tal manera que aquel curso recibieron la visita del entrenador y tres jugadores. Y desde entonces se repite ese encuentro cada temporada.

Profesores y estudiantes pusieron la semilla, desde Sar se preocupan por cultivarla y la relación va creciendo y consolidándose. Ahora las canastas, instaladas por primera vez este curso, compiten con las porterías. No es la única novedad. El baloncesto ya forma parte de las actividades extraescolares. Y en el encuentro del entrenador y los jugadores con los jóvenes se ven cada vez más camisetas y bufandas del Obra entre el alumnado.

La cita de este año incluyó en la convocatoria a la mascota Chicha, que se ganó la atención y la complicidad de la chavalada desde el minuto uno, primero en el salón de actos y después en el patio de recreo. No se cansaron de intercambiar saludos.

El turno de intervenciones permitió conocer que el más bromista del vestuario es Felipe dos Anjos, y que no hay un encargado de seleccionar la música. Pero el que más se prodiga en esa tarea es Leo Westermann. A Sergi Quintela le preguntaron por el mejor consejo que le habían dado, y no dudó: «Que no aparcara los estudios», aun dedicándose al deporte profesionalmente.

Epi se llevó la agradable sorpresa de escuchar por la megafonía a Loquillo con una de sus clásicos, «Feo, fuerte y formal». Se temía una dosis de reggaeton entre un público tan joven y se encontró una pieza de rock. El encuentro duró una hora, antes de que el trío regresase para el último entrenamiento de la semana con energía renovada.