Cuando conocimos la plantilla para esta temporada parecía que faltaban centímetros en todas las posiciones, salvo en el 5. «Cariño, he encogido a los niños». En cambio, cuando el equipo comenzó a competir, frente a Palencia y los dos primeros partidos de la BCL, se vio que se había configurado para jugar «distinto». Un equipo que apostaba por jugar a mucha más velocidad, partiendo ya de una defensa con cuatro exteriores mucho más capacitados para defender agresivo lejos del aro, ayudados por la intimidación de Pustovyi y un ataque menos dependiente del tiro de tres puntos y más opciones de atacar desde el bote, empezando por Eric Washington. Apuntaba a éxito en taquilla y en plataformas de pago, pero la lesión de Rigoberto enseñó las costuras, la baja de Howard tres partidos hizo un descosido y la marcha de Washington fue «La gran evasión» (tragicomedia bélica).
Los números serían prometedores (el equipo anota, rebotea y tiene un balance de balones perdidos/recuperados mejor que la temporada pasada), si no fuese porque gana menos partidos. Posiblemente, porque cuando los rivales se vieron obligados a jugársela subiendo líneas de pase, cuando, asumiendo riesgos en el balance defensivo, tuvieron que cargar el rebote ofensivo hasta con el entrenador ayudante, fue como querer escapar en moto y encontrarse con un muro. Que faltasen nuestro base veterano y nuestro escolta más físico puede tener bastante que ver.