Como dice la canción de Jarabe de Palo, «depende, todo depende, de según como se mire todo depende....». Y para este que suscribe, que puede hablar en primera persona de cuando el equipo peleaba por su suerte y por subir a Primera Nacional en Arzúa, en Cambados, en Foz y en tantas otras canchas en un radio de no más de doscientos kilómetros, verlo pugnar por una plaza en Europa en la fase previa de Turquía y quedarse muy cerca de conseguirlo es motivo de orgullo. Nos hicieron soñar hasta el final, y eso no es poco. Debe ser un paso más para seguir creciendo.
Conviene no perder de vista que enfrente había un equipo con mucho oficio, muy físico, que ataca mucho y bien en el uno contra uno. No es un conjunto muy alto, pero va muy bien al rebote.
Queda un sabor agridulce por la sensación de que estuvo muy cerca, de que nos faltó muy poco, de que se podía haber hecho algo más. Y no por falta de interés. Desde luego, sobraron las lesiones de Rigoberto Mendoza, que ya era conocida, y me da la impresión de que también se sumó Blazevic, que apenas pudo participar y estaba siendo el jugador con más minutos en la pintura entre los cinco.
Ahora lo que toca es volver a poner toda la atención en la ACB, en volver a luchar por la permanencia y, si las cosas saliesen muy bien y se pusiese a tiro, volver a pugnar por una plaza europea. Siempre son retos complicados y, aunque la competición acaba de empezar, todo apunta a que esta temporada no va a ser menos.