La máquina de odiar

Miguel Gómez EL ESCÁNER

ANDAR MIUDIÑO

Pascu Mendez

01 may 2022 . Actualizado a las 22:37 h.

Hay gente que no da un paso sin su máquina de odiar», escribía David Trueba hace casi 20 años. Lo recordé en Santander, en la Copa de Gimnasia Rítmica. Nuestras niñas, Viravolta, se habían puesto de primeras y, tampoco mucho, lo suficiente para que no alcanzasen nuestra nota, deseaba que los equipos que iban saliendo a competir cometiesen errores. Miguel, tú no eres así, me decía; pero, cada vez que una cinta caía al tapiz, no os cuento si caía fuera, pensaba ¡BIEN! La gimnasia me está cambiando.

Lo recordé viendo el partido de Valencia contra Andorra. Lo recordé esta mañana, en el descanso, viendo que el Barça tenía aún la cabeza en Alemania. Tuve que llamar a Jasikevicius: «Un lituano no puede perder contra Burgos. Tú no sabes por qué, pero Abrines seguro que sí lo sabe». Miguel, tú no eres así, la cerveza sin alcohol te está cambiando. Pero nada de esto era personal, yo, por mucho que diga la RAE, no lo calificaría como odio. Se trataba de que Viravolta ganase medalla, de que el Obra se salve. Batistana, Santomera o Marusia, Andorra o Burgos son víctimas colaterales que pasaban por allí.

Perdió Murcia frescura y agresividad en la segunda vuelta. Finalizó la primera con un balance de 10-7; 5-8 llevaba en la segunda. Esas sensaciones se agrandaron en el inicio del partido, el Obra anotaba fácil y tomó rápido 10 puntos de ventaja; un espejismo. Si, en el partido en Sar, Murcia nos echó de la cancha «a gorrazos», esta vez decidimos irnos nosotros solos. El rebote, las pérdidas de balón no forzadas y la escasa puntería fueron un lastre; los tiros libres una cruz. Se lesionó Hobbs y Phillip Scrubb no tenía su mejor día. McFadden y Davis se lo pasaban bien; Bellas mejor. A pesar de algún amago de engancharse al partido, la segunda parte fue un suplicio. Para mí, no tanto por la diferencia en el marcador, como por la fiesta que tenían los jugadores locales. Por favor, no deseo ningún mal ni me alegraría la desgracia de nadie, ni siquiera de los jugadores de Murcia, ni siquiera de Kostas. Pero los odio. Es personal. Miguel, tú no eres así, tiene que ser el chip de la vacuna