La afición tributará una gran ovación a Pepe Pozas, que regresa a Sar tras siete temporadas en el Obradoiro
15 feb 2022 . Actualizado a las 21:20 h.Con 29 años, a Pepe Pozas le quedan muchas páginas por escribir en la Liga Endesa. Pero va a ser difícil que sume siete temporadas seguidas defendiendo la misma camiseta, como ha sido el caso en el Obradoiro. Es mucho tiempo, en el que ha dejado una huella de las que no pasan inadvertidas en Sar. Su rendimiento en la cancha siempre ha estado acompañado por su contribución a la cohesión del grupo más allá del vestuario y de la pista y eso es algo que la afición le va a reconocer con honores en su primera visita como adversario y siempre.
Para calibrar esa impronta del gran capitán no hay más que rescatar la reflexión que dejaba Moncho Fernández en la previa del partido: «Pepe es el jugador que ha vestido más veces nuestra camiseta. Por lo tanto, es el jugador con el que he compartido más minutos en mi vida. Ya no es un rival, es mi amigo, una persona a la que tengo un aprecio infinito. Ya no soy su entrenador, pero en mi vida deportiva y personal va a ocupar un lugar muy especial. Es alguien a quien quiero mucho como amigo mío que es». Eso es Pepiño Pozas, un amigo de los obradoiristas, siempre dispuesto a sumar.
El base andaluz enseguida entendió el baloncesto cuántico de Moncho Fernández. Encajó en el equipo desde el primer día y supo rendir tanto cuando tuvo por delante a compañeros de demarcación muy absorbentes, como McConnell, cuanto cuando le tocó dar un paso al frente por los problemas físicos de Calloway o Kartal Ozmizrak. Siempre sin hacer ruido. En verano llegó la hora de la separación de caminos, de que ambas partes se dijesen adiós con cierta melancolía. El Betis le ofreció la posibilidad de asumir un nuevo desafío, muy cerca de su casa. Dio el paso, y al poco de tomar la decisión ya dejó claro el contexto: «Tanto el Obra como yo nos queremos mucho». Y esa es la sensación que perdura en el tiempo, la que va a envolver Sar en los prolegómenos del partido. Al club y al jugador les tocó desearse suerte de corazón, a sabiendas de que no sería fácil reeditar esa felicidad por separado, aunque pueda parecer contradictorio.