El trabajo de un entrenador es «muy fácil» de resumir a este nivel ya que no es otro que el de generarles a sus jugadores el espacio y tiempo suficientes para que desarrollen su talento. Moncho Fernández es el número uno en este apartado.
Pero tengo la sensación de que, en demasiadas ocasiones, una vez generados estos espacios y este tiempo, no sale a relucir todo el talento que se les presupone a determinados jugadores. En un equipo como Obradoiro esto te pasa factura, tanto en el partido a partido como en la temporada en su conjunto.
Y si a eso se le suma que una cadena siempre se rompe por el más débil de sus eslabones, cambien cadena por defensa y eslabones por jugadores, tenemos un mecanismo que se parte, en lo visto hasta ahora, demasiadas veces y en demasiados eslabones distintos.
El equipo ha sumado seis victorias en partidos en los que el rival tenía que tirar con más fuerza de la cadena si querían romperla. También eran fechas claves para ver si el principio de espacio y tiempo nos daba la oportunidad de ratificar nuestras expectativas de principio de temporada con tal o cual jugador. Alguno dio el paso, firmemente, otros siguen aún en el limbo buscando entrar en el paraíso. Y está el tema del acierto en la larga distancia, aspecto clave de nuestro juego, en el que el equipo se muestra demasiado irregular. Sobre este punto, cabe decir que cuando mejor defendemos y mejor atacamos es cuando más acertamos, permítaseme, por favor, la licencia de decirlo en verso.