El síndrome de Jose


Se habla poco o nada del síndrome de Jose (sin tilde). Toda la atención se centra en cómo la pandemia ha afectado a los jóvenes, millones de hormonas secuestradas sin poder socializar, ni que se acabara el mundo. Cuando nosotros éramos jóvenes nos documentábamos sobre los delfines, no todo iba a ser socializar. Ya socializábamos en verano con aquella madrileña sin par que venía al pueblo a casa de sus «yayos» y después nos daba de lado. Lo recuerdo algo tocado pero sin dramatizar.

Jose tenía una vida. El sábado por la mañana llevaba a su hijo Jose, también sin tilde, al Restollal y dirigía el partido desde la grada: pásale a Jose. Jose tira tú. Árbitro, para dónde miras. Por la tarde bajaba para ver al Obra. Antes iba a Sar pero sus vecinos de asiento le pedían que se callase. En el bar, cuantas más rondas de cerveza, más respetaban sus opiniones. La pandemia lo mató. Ahora está internado en una clínica. Esta tarde me dejaron ir a verlo.

Después de mil y una instrucciones que podrían resumirse en darle siempre la razón, me encontré con Jose en la sala común. ¿Cómo estás, Jose? ¿Cómo estoy, que cómo estoy? ¿Tú estás viendo la serie del Barça contra el Zenit? El Pascual, que cuando estaba aquí prefería a Víctor Sada antes que a Marcelinho, ¿es que ahora aprendió a entrenar? Me pregunté si habría sido buena idea ir a ver el partido con él.

Las cosas se mantuvieron más o menos tranquilas mientras duró la exhibición de Czerapowicz en el primer cuarto. «Este chico es el nuevo Bendzius». Se tensaron algo más con la sequía anotadora al inicio del segundo cuarto: «No me lo puedo creer, tres partidos sin Robertson y perdimos los partidos en defensa y hoy, que por fin vuelve, lo vamos a perder en ataque».

Los nervios crecieron con el intercambio de canastas del tercer cuarto y explotaron cuando Andorra se puso a cinco puntos y Omnizrak cometió su tercera falta.

Todo estaba mal. Mike Daum no está centrado, Laurynas Birutis y Robertson están asfixiados, para qué fichamos a Cohen. Cuanto más protestaba, más crecía la ventaja del Obradoiro. Beliauskas anotó un triple de 8 metros, «claro, ahora, haberlo metido contra el Betis».

Andorra, muy mermado, no encontraba manera de romper una defensa tácticamente perfecta y tres tiros libres de Oliver ponían más de veinte puntos de ventaja, pero «Oliver está más acabado que Barbara Hershey». ¿Qué has dicho, José? ¿Has dicho que Barbara Hershey? Para lo tuyo no hay vacuna.

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