Control del tiro de dos


El Obra volvió a competir tras más de un mes de espera y tras pasar por una situación que puso a prueba la capacidad de adaptación del equipo y del club. El contexto del partido fue muy parecido a enfrentarse contrincantes con diez días de pretemporada contra otro plenamente rodado e inmerso completamente en la competición.

De inicio se planteaban demasiadas incógnitas a despejar, poca capacidad de maniobra y, como indicaba Moncho el jueves antes del partido, sin saber exactamente la capacidad de respuesta física de muchos jugadores. El retorno de Balvin parecía marcar un foco importante de atención en el rival, teniendo en cuenta además el daño que hizo, junto con Jones, en el rebote ofensivo durante el partido de la primera vuelta. Los 22 puntos anotados por Bilbao tras rechace ofensivo en ese partido decidieron completamente el resultado final del mismo.

La victoria del Obra había que construirla sobre el control en el lanzamiento de dos rival, uno de los equipos de la liga que más volumen consume, y gestionando el ritmo y las rotaciones.

Con muchas papeletas de victoria puestas en estos dos parámetros salió el Obra a competir. Logró controlar una de ellas, se jugó al ritmo que más le convenía al equipo y, parcialmente la otra, ya que se concedieron 16 rebotes ofensivos a Bilbao sobre 41 rechaces posibles, un número demasiado elevado. Sin embargo los visitantes solo fueron capaces de anotar cuatro puntos en segundas opciones, un retorno bajísimo para la cantidad de rebotes ofensivos de los que dispusieron para acabar el partido en un global de 1,02 puntos por tiro de dos intentado, un muy buen dato para el Obra, que se llevó una victoria de un mérito enorme que pone en valor la capacidad, la fuerza y el inmenso compromiso de este grupo.

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