Y se coló el covid-19


Probablemente no haya colectivos más controlados para evitar contagios por el coronavirus que el de los futbolistas de Primera y Segunda División y el de los jugadores de baloncesto de la Liga Endesa. Todas las semanas tienen controles PCR antes de los partidos. Y saben que están obligados a restringir al máximo su vida social, limitarla a las paredes de casa y las de las instalaciones deportivas en las que se ejercitan habitualmente. Pues, aun así, el covid-19 se cuela sin llamar a la puerta, le basta con un pequeña rendija.

Jugadores y técnicos del Obradoiro llevan más de veinte pruebas PCR desde que arrancó la competición. La última, la pasada semana, antes de viajar a Murcia. A la vuelta de ese encuentro apareció un primer caso con síntomas, y horas después se constataron cinco contagios más. Así de fácil se multiplica, incluso en grupos que tratan de ponérselo difícil.

No resulta complicado pensar qué puede suceder en contextos entre quienes menoscaban o hacen caso omiso del uso de las mascarillas y de la distancia social. ¿Quién no le pone hoy cara y nombre a alguien conocido que se haya contagiado con el covid-19?

Antes de que arrancase la campaña de Navidad, un amigo que conoce bien la facilidad con la que se propaga este coronavirus me recordaba que en el mes de julio estábamos en unos 50 positivos por cada 100.000 habitantes. Ahora ya superamos los 200, y subiendo. Como ha puesto de moda el anuncio, poca broma.

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