Tocaba formatear

Miguel Gómez EL ESCÁNER

ANDAR MIUDIÑO

xoan a. soler

14 dic 2020 . Actualizado a las 23:41 h.

Quién nos iba a decir que tardaríamos poco más de un mes en dejar de mirar hacia arriba. El calendario no era demasiado prometedor pero el equipo parecía capaz de competir contra todos. Lo hizo contra Valencia, Unicaja y Baskonia; en cambio, Burgos nos desconfiguró y Tenerife nos borró el disco duro. Me lo comentaba Hermann, mi vecino, ayer: «Hay que disfrutar de las pequeñas victorias, pequeños placeres como contaminar su descendencia o ganarles un partido porque no se les puede derribar durante mucho tiempo. Entre otras cosas, si gobernasen los campesinos y tuviesen que trabajar la tierra los poderosos, no tardarían en morirse todos de hambre, cada uno tiene las manos que se merece».

Con el disco duro borrado, tocaba formateo y recuperar la configuración de fábrica para enfrentarse al Barcelona. Que los catalanes viniesen de dos partidos de Euroliga esta semana pudo ayudar, pero no se puede quitar ningún mérito al buen comienzo del Obra. Durante la primera parte controló las pérdidas de balón y el rebote y, en defensa, obligó a que prácticamente todas las opciones ofensivas del Barça pasasen por sus bases: Calathes llevando a Pozas y Oliver a posiciones cercanas al aro y Heurtel jugando a ser Heurtel. La tercera falta de Birutis, demasiado pronto e innecesaria, y un par de triples de Beliauskas que se salieron del aro provocaron que, al descanso, el marcador fuese un exiguo 39-37 para las buenas sensaciones que había dejado el equipo.

No sé qué me daba más miedo, que llegase la cuarta falta de Birutis, que el Barça tirase de clase, tirase de defensa o, peor, las tres a la vez. Hubo un tiempo en que en las canchas ponían redes para proteger a los jugadores de los lanzamientos de objetos desde la grada. Ahora lo que pusieron fueron mamparas para proteger a los auxiliares de mesa de los árbitros, normal viendo la cuarta falta que pitaron a Birutis. Jugando con Heurtel y Calathes juntos, el Barça encontró puntos y fluidez, y en defensa logró asfixiar el ataque obradoirista más allá de un par de acciones con la marca de Robertson. Se fue hasta los diez puntos de ventaja y Moncho reaccionó jugando sin un cinco puro (Daum y Cohen) y sin escoltas (Muñoz y Czerapowicz). Un parcial de 8-0 devolvió al Obra al partido pero Calathes, menudo cabronier, mantuvo al Barça por delante y terminaron pesando como un Boyero, digo como una Losa, los fallos desde el tiro libre.