«Pero se é o noso Moncho»


Moncho Fernández lleva 288 partidos al frente del Obradoiro en la ACB, a los que se suman otros once con el Murcia. Esta tarde alcanzará los 300 en la máxima categoría. Está ya entre los treinta que más encuentros han dirigido, a solo cuatro de dar alcance a Velimir Perasovic y Miguel Ángel Martín, a seis de Mario Pesquera y a doce de José Ignacio Uriarte. De los actuales inquilinos de banquillo en la Liga Endesa, solo ocho colegas están por delante en el ránking: Pedro Martínez (869), Luis Casimiro (663), Txus Vidorreta (504), Dusko Ivanovic (498), Pablo Laso (488), Sito Alonso (321), Fotis Katsikaris (303) y Jaume Ponsarnau (300).

Los números son ya palabras mayores para el Alquimista de Pontepedriña, con valor añadido. No es fácil triunfar en el equipo de casa, el mismo con el que disfrutaba desde la grada en el viejo pabellón de Sar cuando era niño. Todavía es más complicado fajarse año tras año con rivales que, salvo rarísimas excepciones, disponen de más medios económicos. Aún es más difícil comprobar año tras año que la ilusión sigue intacta, que verse en la tesitura de resetear cada verano no es un problema sino un estímulo. Tampoco es sencillo continuar en una andadura tan singular flanqueado por los mismos ayudantes, Víctor Pérez y Gonzalo Rodríguez. Y hay otro mérito que no computan las estadísticas y que no es menor: tener buena parte de culpa en conseguir que la afición se siga ilusionando con el que han dado en llamar el título de la permanencia.

Como él mismo comentó en alguna ocasión, una de las anécdotas que guarda con más cariño recuerda un encuentro casual con una aficionada, en uno de sus días libres. Cuando uno de los acompañantes quiso reconvenirla por temor a que «estuviese dando la lata», la seguidora lo tranquilizó: «Pero se é o noso Moncho». El mismo que disfrutó de la Cabalgata de Reyes como un compostelano más.

Quizás sea ese otro valor añadido, no siempre fácil de calibrar. Sigue siendo el mismo alquimista, igual de cercano, vehemente y volcado con el Obradoiro, como si las palabras desgaste y «crecidito», que diría Mourinho, no estuviesen en el diccionario.

Qué vengan muchos más.

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