Todos los otoños me acatarrro y, cada catarro, la abuela Margot rosma: ¿Bouras? Al médico. Nunca voy. Pero el año pasado pillé una neumonía. ¿Ves? -dijo la abuela Margot-. ¿Ves? -la apoyó mi mujer-. Perder contra Madrid, Barça o Baskonia no dejan de ser catarros otoñales, pero las abuelas Margot de la grada rosman: ¿Bouras? Al médico. Alguna temporada puede acabar el catarro en neumonía. ¿Veis? -dirán unos-. Era visto -les apoyarán los otros-.

Siete siglos de acuerdos entre nobleza y clero para mantenerse como estado soberano. Sin llamar la atención, pobres pero honrados. Siete siglos sobreviviendo hasta que, tras la Segunda Guerra Mundial, decidieron que era su momento. Nieve y bancos, el sueño de ciudadanos de clase alta. Buen salario y pocos impuestos, el sueño de los jugadores de clase media alta.

Tras el 3-0 inicial, malas noticias. La dura defensa de Andorra mataba la circulación de balón del Obra y Hanna dominaba el partido. Tiempo muerto de Moncho. Calloway dio aire al equipo y a Magee. Errores infantiles en el segundo cuarto dieron otra vez 10 puntos de ventaja a Andorra y otra vez el Obra se recuperó de la mano de «una extraña pareja» interior Spires y De Zeeuw.

La segunda parte fue la del coprincipado parlamentario, gobernada al tiempo por el primer ministro del esfuerzo en defensa y el obispo de la precipitación en ataque. El Obra amenazando ir y no llegar, Andorra irse y no marchar; los golpes de Tyson, los triples del Obra. Me gusta el olor a prórroga por la mañana, huele a victoria.

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Bouras