Con prórrogas y a lo loco


Peor que una victoria pírrica es una victoria moral pírrica. Cuando, tras perder contra el Barça, los fisios estaban terminando de dar pomada, pulir pomada, el equipo de Fisac, sin ánimo de molestar pero sin intención de hacer prisioneros, ya ganaba 32-12; el obradoirismo hablaba de finales y el rosmadoirismo entonaba el Salve Regina mater misericordiae, ad te clamamus exules filii Heracles. En cambio, a orillas del Nervión, dos partidos, dos victorias y sus aleros metiédolo todo: Entre Bouteille, Rafa Martínez, Brown y Kulboka 21 de 41 en triples.

Aun así, hoy me levanté optimista, convencido de que el partido se iba a ganar en la pintura y de que ahí el Obra tenía ventaja (nunca dije que supiera de baloncesto).

La primera parte transcurrió con Bilbao anotando desde fuera y el Obra, sostenido primero por Kostas y después por Magee, a remolque en el marcador.

En la segunda parte aparecieron puntos de Brodziansky y Kravic pero también de Balvin, aunque el espectáculo lo ponían Brown y Magee.

A seis minutos para el final, con el partido empatado, desaparecieron los tiradores. Los puntos llegaron a cuentagotas y todos en la pintura hasta que Kulboka anotó el triple que llevó el partido a la prórroga.

Las prórrogas... Las prórrogas fueron: ay, huy, no, sí, siiiiiií, nooooo, ¿qué haces?, Magee de mi vida, ¿qué haces? (otra vez), ay, ay, ay, suspiro prolongado.

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