Como la vida misma


Tiende el baloncesto a escapar del centro. Es tan difícil encontrar casa y sitio para aparcar como fácil que la juventud escoja tu calle para ir de marcha, la niña del piso de abajo se pase la tarde practicando con la flauta, la vecina del piso de arriba cambie los muebles de sitio por la noche y el bebé del piso de al lado tenga hambre 24/7. Insisten entrenadores y jugadores que el Obradoiro es una familia y, ya se sabe, las familias son las primeras en huir a las afueras. A vivir en el centro se quedó Kravic; si hay que hacer algún recado, a Spires no le coincide mal después de poner algún bloqueo y, si lo que se trata es de encontrar una dirección complicada, Brodziansky conoce el callejero como la palma de su mano (otra cosa es que coincida en el ascensor con Brandon Davies o Pustovyi y prefiera subir por las escaleras). Daum acaba de llegar y, no sé si por miedo a perderse, contra el Barça no le vimos pisar la zona.

Otro fenómeno que se observa en los jugadores actuales, como la vida misma con tanta «pantallita», es la presbicia: cuanto más cerca del aro más borroso lo ven. Y si estás más cómodo fuera y te mueves por encima del 33% de acierto y dentro, en cambio, te pegan y no llegas al 50% (12/25 tiros de dos, 12/36 tiros de tres contra el Barça), blanco y en botella… Qué bien lo hicieron las niñas de Viravolta. Tenía que decirlo, pero esa es otra historia.

El partido del sábado no dejaba de ser un entrenamiento con marcador y público. En liga se descartarán algunos cortes, se editarán otros y se sumarán arreglos de cuerda y metales pero pudimos ver una maqueta del Obradoiro. En cambio el Barça, el Barça jugó en primera cuando tuvo que utilizar a Bolmaro de base; metió segunda en ataque con Pangos, Higgins y Mirotic; cambió a tercera en defensa y puso a Hanga o a Higgins cara a cara con Magee y, cuando Brandon Davies quiso, acabó el partido en cuarta. Cambiad a Delaney por Bolmaro, añadid a Abrines (presencia testimonial el sábado) y a los tres mundialistas y… Y qué bien lo hicieron las niñas de Viravolta, tenía que volverlo a decir.

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