El ataque se impone en el baloncesto

Fran Camba EL ESCÁNER

ANDAR MIUDIÑO

PACO RODRÍGUEZ

Las primeras trece normas del baloncesto ideadas por el doctor Naismith no incluían el límite de tiempo para efectuar un lanzamiento a canasta. Hasta la temporada 54/55 la NBA no adoptó esta regla, estableciendo ya en los 24 segundos actuales dicho límite.

Esta circunstancia hace que podamos dividir un partido en posesiones, entendiendo por posesión el tiempo que transcurre desde que un equipo se hace con el control de la pelota hasta que pasa al conjunto contrario. Además, nos aseguramos de que cada oponente finalice cada partido habiendo consumido el mismo número de posesiones.

Medir el rendimiento ofensivo o defensivo de un equipo referenciándolo a las posesiones es el modelo más justo. Es mucho más cercano a la realidad del juego valorar el ataque en puntos por posesión anotados y no en puntos por partido, ya que cada encuentro puede tener un número diferente de posesiones.

Una tendencia muy marcada en las últimas temporadas de casi cualquier liga profesional de baloncesto es que el ataque tiene una influencia en el resultado mucho mayor que la defensa. Si nos fijamos en la temporada de la Liga Endesa recién finalizada, nos encontramos que los dos equipos descendidos (Gipuzkoa Basket y Breogán) fueron los peores ataques, 1,03 puntos por posesión en ambos casos. Sin embargo, las dos peores defensas, Estudiantes con 1,20 puntos por posesión encajados y Unicaja con 1,17, se situaron más arriba en la clasificación.

Si echamos un vistazo por la parte alta de la tabla nos encontramos que los dos mejores ataques, medidos siempre en puntos por posesión anotados, Madrid y Barcelona, fueron los protagonistas de la final mientras que la mejor defensa, Baskonia, se quedó en la eliminatoria de cuartos.

Como decía Moncho Fernández hace unos días, «la evolución de la Liga Endesa y la NBA estos años se inclina al lado ofensivo, a cuántos puntos eres capaz de meter por posesión. Dónde tienes más capacidad de decir es en el ataque, porque eres tú el que tiene la posesión». Los datos lo corroboran.