El gran amigo del Obradoiro


Tonecho Lorenzo es para el Obradoiro como ese amigo que todo el mundo quiere porque siempre está al lado para acompañar o ayudar, sin necesidad de hacerse notar. Es también de los que suman o multiplican, de los que jamas restan o dividen, discreto.

Quienes año a año acuden a la cena de veteranos del Obradoiro suelen dar fe del papel que juega en la intendencia, a la hora de organizar y convocar. También es fácil encontrarlo en el canhadoiro, esa singular iniciativa promovida por la afición para compartir unas cañas y hablar del equipo y de baloncesto. Resulta sencillo dar con él en cualquier propuesta que tenga alguna relación con el club en el que fue jugador, entrenador y siempre seguidor. Meses atrás, coincidiendo con la presentación del documental sobre el Camino de Santiago protagonizado Asa Petrovic, siguiendo la Ruta de la Plata, Tonecho Lorenzo llegó con el tiempo justo y se situó en la última fila. Y, cuando empezó el turno de intervenciones, el que suscribe pensaba para sí que aquel jugador que llevó el número 14 en la década de los setenta en el viejo pabellón de Sar bien podría estar en el escenario junto al legendario base serbio, porque pocos pueden explicar el Obradoiro como él lo ha vivido y como lo siente. Si alguna vez el club piensa en la figura de un embajador que transmita una buena imagen de marca, Tonecho Lorenzo debería estar de los primeros en la lista.

«Toca centolla y cigala, pero somos de tortilla y pulpo», dijo en la Supercopa. Siempre atina en sus reflexiones. Nunca le falla al Obradoiro. Y se merece los reconocimientos, por más que rehúya los focos.

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