Los rompecabezas del Obradoiro

Cada vez son más los técnicos que hablan del «baloncesto diferente» de Moncho Fernández


santiago / la voz

Hace poco más de un año, Pedro Martínez, entonces entrenador del Baskonia, y Moncho Fernández escenificaron en las redes sociales una breve regueifa, coincidiendo con una visita del Obradoiro a Vitoria en un fin de semana de nieve. Martínez colgaba una foto del Buesa Arena cubierto de blanco y le preguntaba a su colega: «¿Estáis seguros de venir?. El Alquimista buscó otra instantánea de la ciudad, de postal, y le respondía: ¿Cómo me iba a perder esto?. Y llegó la contrarréplica: «OK. Disfruta de la ciudad, que es fantástica. Y así estás un rato sin pensar opciones para los putos sistemas que nos llevan locos a todos».

Con anterioridad, otro de los gurús del baloncesto español, Aíto García Reneses, había significado antes de medirse al conjunto santiagués: «Jugar contra el Obradoiro siempre es muy difícil porque plantea un baloncesto muy complicado de defender y de atacar».

Recientemente, Velimir Perasovic, después de doblegar al colectivo compostelano en el Buesa Arena, ponía en valor la victoria de su equipo: «El Obradoiro pone en problemas a todos porque juega un baloncesto diferente, con muchos bloqueos indirectos, con muchos ataques largos. Si tu nivel de concentración es bajo, cada vez puedes recibir un triple en el último segundo, una canasta simple». Con el paso del tiempo crece el número de entrenadores que se cruzan con el Obradoiro y hablan de «un baloncesto diferente».

Dos jugadores que formaron parte del primer proyecto de Moncho Fernández en Sar, el que logró el ascenso a la ACB, daban las claves de la filosofía que propone el Alquimista de Pontepedriña. «Te da herramientas y tú tiene que saber cuándo y cómo utilizarlas», comentaba Andrés Rodríguez. «Es un baloncesto de una gran riqueza, perfecto, porque siempre hay soluciones», indicaba Miki Feliu, a la par que destacaba que interiorizarlo requiere su tiempo.

El análisis de Moncho López

Quién puede dar una perspectiva precisa y didáctica sobre el baloncesto de Moncho Fernández es otro Moncho, López. Fue quien le abrió las puertas del baloncesto profesional y, sin duda, uno de los técnicos que más ha influido en esa manera de entender el juego. El Oporto de uno y el Obradoiro del otro comparten muchas similitudes. Pero no son fotocopias. «Lógicamente, no tenemos los mismos jugadores y tampoco la competición es la misma», indica Moncho López.

Al apuntar a un primer factor diferencial en el baloncesto de su tocayo, empieza por el «pick and roll, un concepto universalmente extendido. En Moncho Fernández no es prioritario».

Subraya que hay equipos que «pueden tener 70 jugadas diferentes y todas parten de ahí». En el caso del Alquimista de Pontepedriña, no es clave de bóveda de su propuesta. Pero también la utiliza, «a veces más, dependiendo del tipo de bases». Recuerda la etapa de Micky McConnell, y en menor medida la de Andrés Rodríguez.

En líneas generales, Moncho López subraya que «son sistemas que obligan a los rivales a romperse la cabeza, porque hay mucho dinamismo colectivo, con los cinco jugadores muy envueltos en las situaciones tácticas. Con el pick and roll, hay dos o tres jugadores que participan mucho, pero otros dos igual están en posición muy estática esperando a que el bloqueo y continuación desequilibre para poder tirar de tres. Con Moncho hay mucha actividad de los cinco en busca de la ventaja colectiva».

También pone el foco en los «bloqueos indirectos, entre jugadores que no tienen el balón, en ocasiones para que los grandes salgan a tirar de tres».

Arsenal táctico

«En general -añade- el baloncesto de ataque de Moncho abarca todo el arco y despliega muchas sorpresas tácticas. En otros equipos hay una simetría o una lateralidad más marcadas. En defensa hay igualmente mucha actividad y explota la versatilidad. También es en ese aspecto un juego muy construido tácticamente y de alto nivel, pero no tan diferente».

«Esta manera de jugar exige mucho trabajo intelectual del cuadro técnico y de los jugadores. El entrenamiento es muy exigente, pero muy divertido, y obliga al jugador a mejorar», concluye Moncho López.

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