«¿Veintidós o pecho dos?»

Moncho Fernández insta a los jugadores a que participen en la toma de decisiones durante el juego


Los tiempos muertos de Moncho Fernández suelen dar para mucho por el apasionamiento que acompaña al técnico en la manera de vivir y descifrar cada partido. Pero ese ardor no está reñido con la capacidad para escuchar y atender otras perspectivas, ya sean de sus compañeros del cuerpo técnico o de los propios jugadores.

En el encuentro frente al Valencia, más de uno se sorprendió al ver cómo el Alquimista de Pontepedriña instaba a sus discípulos a que eligieran jugada. Lo que a muchos les pareció una excepción es realmente norma en un baloncesto que descansa sobremanera en la autogestión.

Cada partido tiene su guion previo. Sagrado. Pero una vez que empieza a botar el balón, los jugadores están obligados a tomar decisiones constantemente, tanto en defensa como en ataque. Y a menudo son ellos los que proponen una u otra opción. El juego libre es una de las señas de identidad del baloncesto cuántico de Moncho Fernández.

Pero es algo trabajado. De hecho, en los entrenamientos, una de las propuestas que con frecuencia se ponen en escena consiste en que los cinco jugadores de un equipo se ponen de acuerdo para plantear tres ataques distintos, los que ellos quieran. Y otro cinco tiene que contrarrestar. Después se intercambian los papeles.

Obviamente, muchas veces es el cuadro técnico el que decide las jugadas. La temporada pasada dejó un ejemplo que está en la memoria de todos los obradoiristas, la canasta ganadora de David Navarro en Murcia, en el último segundo. Un año antes, en ese mismo escenario, el partido también se decidió sobre la bocina, tras un saque de banda. En aquella ocasión McConnell sugirió la opción de buscar a Pustovyi en el poste bajo casi al mismo tiempo que Moncho Fernández se giraba a fin de dar entrada al pívot ucraniano para esa última acción.

Son momentos muy puntuales, y en este caso, además, los que decidieron el partido. Pero lo habitual es que el técnico recabe más de una vez la opinión de sus jugadores, particularmente la de los bases. Al fin y al cabo, son los que llevan la batuta sobre el parqué y los que están procesando el baloncesto a la par que lo juegan.

En ocasiones, en algún tiempo muerto, se puede escuchar un interrogante del tipo «¿veintidós o pecho dos?». En este caso el destinatario e interlocutor es un jugador específico, clave en la puesta en escena de cualquiera de esas dos propuestas. Es él el que escoge una u otra.

Frente al Valencia, Moncho Fernández abrió el debate entre sus jugadores: «Vamos a jugar... ¿Qué vamos a jugar?». Intervinieron Pozas, Simons y Llovet, sugiriendo «tríplex o veintidós». Se decantaron por la segunda opción y de inmediato el Alquimista de Pontepedriña llevó a la pizarra el resultado de la elección.

Lo que no está permitido es ir por libre. El amplio abanico de jugadas, situaciones específicas para cada encuentro decididas tras estudiar minuciosamente al rival, variantes que se van incorporando a medida que avanza la temporada... Todo está estudiado y trabajado. A partir de ahí, cabe el debate, pero una vez tomada la decisión, que nadie se la salte.

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