Perímetro desactivado, partido encarrilado

ANDAR MIUDIÑO

Carlos Castro

30 oct 2018 . Actualizado a las 20:21 h.

Cuando el Obradoiro eche la vista atrás y analice el derbi de O Pazo pensará aquello de que hay días en los que es mejor no salir de casa, porque todo lo que podía salir mal le salió peor. Y, cuando eso sucede, siempre hay parte de demérito propio y parte de mérito del rival, porque el Breogán, con su gran despliegue defensivo, desactivó el perímetro santiagués. Por ahí encarriló y ganó el duelo. No le importó a Lezkano que sus jugadores consumiesen faltas, en un partido en el que los árbitros consintieron contactos en los dos lados. Tampoco le importaron los desequilibrios en los cambios, que un pequeño quedase emparejado dentro con un grande, aunque el desajuste fuese un Redivo-Spires.

El Breogán aplicó una receta que siempre le ha reportado interesantes dividendos al conjunto santiagués, la de atornillar al adversario y no dejar que se sienta cómodo en ningún momento. Tampoco estuvo fino en ataque, pero consiguió dejar al Obradoiro en unos paupérrimos dieciocho puntos al descanso. Cogió rápido una ventaja en el entorno de los diez puntos y la mantuvo desde la retaguardia.

El Obradoiro, a pesar de verse y saberse en una tarde aciaga, tuvo la virtud de perseverar y llegó a acariciar la remontada, cuando Obst puso el 55-51 hacia el ecuador del último cuarto. Al Breogán le entró miedo, pero se lo sacó de encima encomendándose a Sergi Vidal, un veterano capaz de fabricarse sus propias canastas, y al rebote ofensivo, que le dio segundas opciones de las que valen doble cuando más aprieta el zapato. En un partido con mucho sudor y poco aroma, el Breogán dominó de principio a fin porque no dejó que el Obradoiro fuese el Obradoiro.