El Obradoiro falló en el control de las posesiones

Fran Camba EL ESCÁNER

ANDAR MIUDIÑO

LOF

En la rueda de prensa previa al partido Moncho Fernández señalaba alguna de las claves para poder traerse la victoria a Santiago, entre ellas la necesidad de controlar muy bien las posesiones para que no finalizasen en balones perdidos.

Los números de Herbalife Gran Canaria indicaban un rendimiento altísimo en su ataque si el rival se situaba en más de una pérdida por cada cinco posesiones disfrutadas. Aparte de este importantísimo detalle, la estructura de juego de los canarios señalaba una tendencia bastante acusada para que los dominadores del rebote sean los jugadores interiores. Exceptuando a Rabaseda, los jugadores exteriores apenas aportan capturas, ni defensivas ni ofensivas, por lo que otra de las batallas del partido se libraría en el rebote, sobre todo con Balvin, Pasecniks y Fischer.

Al Obra se le escapo cualquier opción de victoria al conceder un total de 24 balones perdidos de las 70 posesiones de las que disfrutó en el partido, un ratio de un 34 % que otorgaron veinticinco puntos a los canarios. Nunca antes en esta temporada el Herbalife Gran Canaria obtuvo un rendimiento tan alto en este apartado y ni siquiera necesitó una eficiencia demasiado alta en el lanzamiento (se quedó en 0.98 puntos por tiro) para llevarse el encuentro. De hecho, el cuadro santiagués tuvo un rendimiento mayor, llegando a un punto por tiro.

El Obra logró manejar bien el resto de detalles que podrían decidir el partido, igualó en el rebote con los locales y anotó prácticamente el mismo número de puntos desde el tiro libre que los canarios, es decir, compitió de forma muy digna a pesar de las bajas de Thomas y Laksa, que limitaron las posibilidades de rotación.

La diferencia entre el aprovechamiento de las pérdidas del rival fue de 19 puntos (25 de los canarios por 6 del Obra) y la diferencia final en el resultado fue de dieciocho. Las pérdidas decidieron el partido.