El Obradoiro estuvo extremadamente serio. Tenía muy claro lo que debía hacer ante un Barcelona muy irregular, con enormes dudas. Un Barça que todavía no ha definido el estilo de juego que quiere.
La clave del triunfo obradoirista fue que en todo momento supo como podía hacerle daño al Barcelona. Le atacó muy bien los puntos débiles. Desde el inicio ya dio la sensación de que el Obra iba a ganar. La única duda es que el Barcelona tiene muchísima calidad y es capaz de anotar casi siempre tres o cuatro canastas consecutivas que le meten en el partido de nuevo. Y al final, con el potencial que tiene un equipo de estos, acaba ganándote.
Pero fue un quiero y no puedo del Barcelona, que enfrente se encontró con la gran regularidad del Obra que, sin estar brillante en ataque, estuvo muy concentrado en defensa, sabiendo en todo rato lo que tenía que hacer.
A nivel defensivo difícilmente podremos verle al Obra un partido igual. Estuvo casi perfecto en defensa. En este tipo de victorias yo destacaría lo bien que preparó el partido el Obra en todos sus aspectos, desde el juego a la mentalización. Siempre consciente de que podía ganar.
El Obra sabía que era inferior al Barça, en presupuesto y calidad, pero sabía a lo que iba y cómo podía competir. Desde la primera jugada las sensaciones fueron buenas. Sin duda, hay que aprender de esta defensa.