Sara Varela, de la farmacia Sara Varela en Viveiro, siguió la tradición farmacéutica familiar y en un negocio con 20 años de vida
25 oct 2017 . Actualizado a las 05:00 h.«Mi abuelo, mi padre, tíos, primos... todos farmacéuticos». El gusto por su oficio le viene a Sara Varela, titular del negocio que lleva su mismo nombre ubicado en la Plaza de Lugo de Viveiro, de familia. Además, justo donde conversamos se ubicó el antiguo ambulatorio de Viveiro.
-¿Qué farmacias tuvo su familia?
-Mi padre tenía la farmacia de Celeiro y esta y mi abuelo otra en la Plaza Mayor.
-Nació entre medicinas...
-Sí, me crié en la farmacia.
-¿Se vio «obligada» a seguir al tradición... o fue un «regalo»?
-Mi padre decía siempre «esta será mi heredera» y eso que tengo dos hermanos mayores. Yo era la que más estaba aquí. Era un poco obligación pero me gustaba. Había vocación... estaba claro!
-¿Recuerda alguna «trastada» de niña aquí en la farmacia?
-Me acuerdo que cuando la gente pedía algo me decía que le preguntase a mi padre pero yo pensaba que sabía perfectamente y decía ‘para la tos sé lo que hay que dar’. Me gustaba mucho.
-Estoy viendo el título de la licenciatura en la pared. Estudió en Santiago de Compostela.
-Empecé en Madrid donde tengo familia y luego me cambié a la Universidad de Santiago.
-¿Qué recuerdos tiene de la época universitaria, llegando a ella conociendo tan bien el oficio?
-Muy bien. Aunque no tiene nada que ver lo que hay que estudiar en la facultad; hay otras materias. Aquí en la farmacia es más la aplicación de cara al público. Es diferente. Ahora yo soy la farmacéutica titular. Somos cuatro farmacéuticos y tres auxiliares. Lo importante es el equipo y que cada uno mime cada detalle. La farmacia es la primera línea de consulta para resolver las dudas sanitarias. La gente confía mucho en nosotros; es un orgullo.
-Se habla de sobremedicación y automedicación en este país.
-El farmacéutico está para derivar si se necesita ir al médico y aconsejar. Claro que nadie se puede medicar así como así.
-¿Y sucede realmente así?
-Sí, demasiado, eso sí.
-Y... en su casa, ¿ocurre como en la del herrero, «coitelo de pau»?
-Yo no me medico nada ni tengo nada en casa. Para los niños y eso... sí. También es verdad que tengo la farmacia cerca.
-Y en esta con el público, ¿hacen también «observadores»?
-Eso siempre.
-¿Qué es lo que más se vende en una farmacia hoy en día?
-Omeprazol, el protector gástrico, por excelencia. Y antiinflamatorios, analgésicos... lo que más.
-Hablando de analgésicos, ¿cree que en general somos «pupas» y al mínimo dolor, medicina?
-Hay gente que viene diciendo que esto le fue muy bien a su vecino y por eso lo pide. A veces, hasta les da igual que sea un antibiótico, pero para eso está el farmacéutico porque hay gente que se medica alegremente.
-Es decir, que hay casos en los que la aspirina o el ibuprofeno se toman como caramelos...
-Exacto. Es excesivo.
-¿Debería haber más control?
-Es complicado, sobre todo en la gente mayor pues alguna no controla mucho su medicación. Lo tienen apuntado en la caja pero como «esto» les fue «bien» aquella vez lo repiten y a lo mejor no tiene nada que ver. Aunque hay que decir que tenemos el sistema de SPD (Sistema Personalizado de Dispensación) y para mucha gente para la que es muy complicado se lo facilitamos. Haces un plan semanal para el paciente y con todas las medicinas que tiene que tomar a lo largo de la semana. Así, ya no se tienen que preocupar. Es muy útil sobre todo para gente mayor que tiene mucha medicación que tomar y no la controla.
-¿Se demandan también más remedios para dormir mejor?
-Sí, sí, también.
-Un medicamento muy famoso en su momento fue la Viagra.
-La «visagra», decían algunos.
-¿Aún se sigue recetando?
-Sí, aunque ahora ya hay otros medicamentos pero realmente eso sí que necesita una receta médica. Era la pastilla azul.
-¿Y a alguno le daba o da vergüenza pedirla en la farmacia?
-Sí, alguno empieza a dar rodeos o te dice que es para un familiar...
-Bueno, habrá también otros productos que cueste pedir...
-En la farmacia hay muchas cosas que tienen su «problemilla». A la hora de pedir preservativos, por ejemplo, hay clientes que se cortan mucho.
-¿También los jóvenes?
-Bueno... menos.
-Las investigaciones en materia de salud avanzan mucho. Aún así, cree que en el futuro habrá una «pastilla» que lo arregle todo?
-No. El organismo hay que cultivarlo y de muchas formas con alimentación, actividad física... Una pastilla no lo resuelve todo,. Es un complemento. Yo siempre lo tengo claro. No siempre se tiene que llegar a recetar medicación porque pienso también que hay otras cosas que pueden ser más efectivas.
-Muchas veces se vería en el trance de no entender la letra de un médico en una receta.
-Sí, pero ahora como tenemos la receta electrónica... Pero sí, antes era complicado leerla.
-¿Tiene hijos?
-Sí, tengo tres y el mayor está estudiando Farmacia. Así que ya tengo heredero (sonríe).
-¿Le da consejos?
-A ver, a él le gustaría más trabajar en laboratorio y no tanto venir para aquí... Pero bueno, también trabajar de cara al público tiene sus satisfacciones. Yo tengo una auxiliar que lleva conmigo desde que yo tenía dos años. Mari Nieves se jubila el año que viene. Lleva toda la vida conmigo y en la farmacia. Es un lujo. Su consejo es muy muy importante; confío en ella totalmente.