Estamos en el mes de las flores y por ello, en el mes de las comuniones, lo que me lleva a reflexionar sobre el origen y significado de esta palabra. Comunión proviene del latín communio,-onis que significa trato familiar, unión, vinculación, confianza, conexión. Sería pretencioso hablar del bienestar de la sociedad obviando lo más importante: los nuevos desafíos a los que nos enfrentamos gracias a la desconfianza que hemos interiorizado durante estos últimos años.
Desde tiempos remotos la «Común Unión» siempre ha sido nuestro colchón, nuestro refugio, nuestro vínculo con los demás para ser y pertenecer a la tribu y no sentirnos excluidos.
La confianza es el andamio de la sociedad porque la sostiene, nos hace sentirnos cómodos y seguros, sin ella cojeamos como humanos, evitamos hablar con los vecinos o con cualquier persona con la que nos crucemos, las parroquias languidecen, las aldeas cierran sus puertas, los mayores desaparecen sin notarlo y los jóvenes se escapan a las urbes donde se esconden para evitar el roce y la exposición. No podemos hablar de sociedades si no somos capaces de crear espacios de unión y confianza. La comunión es el nuevo constructo de la sociedad, recuperarla requiere de la colaboración de todos. Esta es una llamada a la cooperación para fortalecer la red y la evolución de nuestra sociedad.
«La confianza es el andamio de la sociedad porque la sostiene, nos hace sentirnos cómodos y seguros, sin ella cojeamos como humanos»
Ya hemos ganado mil batallas, no nos dejemos dominar por los miedos que genera la desconfianza, volvamos a conectar con nuestra esencia, con nuestra identidad, con nuestras tradiciones desde el respeto, la entrega, la conexión y la seguridad.
No hace mucho tiempo, los niños corríamos por los caminos y plazas, jugábamos sin miedo, los vecinos recogían patatas todos juntos porque esa era la fiesta de la «Común Unión», era la excusa perfecta para charlar, reír y compartir. Si tocaba matanza todos nos presentábamos en esa casa para echar una mano y compartir un buen plato de hígado o probar la zorza para posteriormente hacer los chorizos, o unos buenos huevos fritos con filetes de mantanza, porque era nuestra forma de conectar para estar vivos. Tertulias en las puertas. Cuentos reales y otros no tan reales. Trabajos compartidos. Sabiduría popular. No había miedo. No había egos. Los mayores eran mentores, los niños pupilos. No había reproches, solo el valor del estar y compartir como seres sociales que somos. Ese respeto hacia el ser humano, hacia la persona, quizás no por lo que decía, hacía o pensaba, sino solo el respeto por el Ser, y aquí es donde comenzamos a generar la confianza. El respeto hacia el otro es la clave del ser humano.
Promover la confianza hoy en día tiene un doble sentido de revalorización social porque tener relaciones de confianza, generar espacios comunes de seguridad significa promover lo humano, de esta forma le daremos espacio a la confianza y desbancaremos el aislamiento del individuo.
¿Cómo volver a confiar en los demás para promover la cultura del bienestar social?
Hacerle hueco a la vida es darle otra oportunidad a la confianza, Si adecuamos tres aspectos claves, los cuidados, la familiaridad y la credibilidad, le damos una oportunidad a lo que realmente importa, la unión, el valor de la palabra, la recuperación de nuestra identidad como seres sociales y nuestro bienestar social. Porque nos guste o no, no podemos hablar de sociedades si estas nos son capaces de proteger espacios libres de toxicidad y el creciente aislamiento al que nos enfrentamos continuamente.