Se multiplican los casos de participación ciudadana en variadas iniciativas para afrontar casos desesperados de personas cuyos problemas se cuelan por los agujeros del sistema.
Cientos de gallegos y decenas de empresas de la comunidad se movilizan para coleccionar tapones con el fin de que un niño que nació sin una mano pueda acceder a la alternativa que proporciona la tecnología médica. Un empresario aporta varios miles de euros para solventar un problema surgido en la iniciativa comunitaria. Otra iniciativa anónima abona el alquiler a una familia numerosa amenazada de desahucio. Toda una comarca se moviliza y logra que empiece a solucionarse la malformación que impediría andar a una niña. El caso de otro pequeño que sufre una enfermedad degenerativa ha suscitado una cascada de iniciativas para recaudar fondos con los que pagar el tratamiento necesario.
Organizaciones que prestan ayuda a los menos favorecidos y que se ven desbordadas por el aumento de la demanda afirman que se han multiplicado también las ayudas espontáneas que les llegan. Redes anónimas de familiares, vecinos o amigos impiden que cientos de familias caigan en la indigencia a la que las condenaría el paro sin esas ayudas de emergencia.
La crisis ha agudizado la solidaridad de muchos de los que aún no se han visto afectados por ella o lo han sido en menor medida. Pero esas redes, que están conteniendo el estallido social, ni son suficientes ni podrán actuar de forma indefinida Quienes siguen proponiendo recortes como única alternativa a la crisis parecen no ser todavía conscientes de ello.