Hace 36 años que los padres de Alicia pusieron en marcha, con su apoyo, una de las cafeterías más emblemáticas de Viveiro. Sus hijos continúan????el????negocio
01 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.En 1972 «se cerraron La Aldeana, un café antiguo de Viveiro, y el Galicia. Un día llegó mi padre a casa y dijo 'si ponemos una cafetería, ¿me ayudarías?' 'Sí'. Teníamos este bajo y dijimos 'la traspasamos si nos va mal'». Hasta hoy, cuenta Alicia Solloso. Pero el café París no fue el primero de los negocios familiares. Hace 62 años, su padre, José Antonio, se hizo cargo de la tintorería Madrid-París, que dejó más tarde. Y en 1958, ella misma puso en marcha calzados París.
Con la zapatería y el bar en funcionamiento, Alicia y sus progenitores se repartían el trabajo. «Yo daba los desayunos y mi padre estaba en la tienda con una empleada. Por la tarde yo estaba en el café y después me iba a la tienda. A partir de las ocho y media volvía hasta cerrar, con un empleado, hasta las dos o las tres. Mi padre se levantaba a las siete para abrir y algún día coincidimos, él levantándose y yo llegando a casa de cerrar», relata, emocionada con el recuerdo.
«A quien más he llorado»
«Fue la muerte que más he llorado en mi vida. Ocurrió de repente, duró un mes. Enfrentarte a tantas cosas... porque él era quien corría con las cuentas, los bancos. Mi madre era buenísima y me ayudó mucho con mis hijos, pero de negocios nada».
«Mi padre tenía muy buena mano y la gente lo apreciaba mucho», destaca. A ella también la quieren y la respetan -«jamás me faltó nadie, nunca he tenido ninguna dificultad por ser mujer», asegura-. Al poco de su muerte se incorporaron al negocio los hijos, Alberto y José Manuel. «Son muy trabajadores. Yo me parezco más a mi padre que ellos a mí, por la capacidad de sacrificio», añade, siempre alerta, observando si los clientes están atendidos, si tienen pinchos a mano.
Los mejores años
Los mejores años del París coincidieron con las obras de la factoría de Alúmina. «Dábamos treinta cenas cada noche, mi madre en la cocina con una chica, y yo sirviendo. Preparábamos huevos, salchichas, guiso de carne, arroz... Menos los domingos, que las chicas se iban a la discoteca Seiramar. Ese día hacíamos una fuente grande de ensaladilla o lacón asado, y vendíamos raciones, hasta agotar el pan. A la una llegaban los chicos de Foz y As Pontes».
Uno de los muchachos de aquellas pandillas que acudían al París las noches del domingo era el actual alcalde focense, José María García Rivera. «Era muy simpático», comenta Alicia. En la popular cafetería de la plaza de Lugo también dieron de cenar a Mocedades, cuando actuó en la discoteca de Verxeles. Alicia no se cansa de repetirlo: «Fueron años muy buenos, que no vuelven. ¡El que los supo aprovechar...!».
Sin duda, la familia Solloso ha gestionado bien el negocio, que sigue, de la mano de la tercera generación, con José Manuel Pérez, empleado desde hace 23 años, «como un hijo más». «Yo ahora voy descansando en ellos, ya dejé de hacer las compras». Pero Alicia acude a diario al café, para repartir los pinchos y charlar con una clientela fiel «los mismos cada día, hombres y mujeres, hasta un grupo de señoras de más de 80 años». O su amiga Berta Núñez.
¿El secreto del éxito? «El café. Desde que abrimos es el mismo, de Cafés Lisboa, que nos distribuye Don José, de Ourense», dice, sin dudar.
Desde que cerró la zapatería, esta mujer menuda y jovial, trabajadora incansable, tiene más tiempo libre. Hace unos días subió al monte San Roque y otra tarde a Naín, con su amiga Antoñita. Una vez al año va de excursión a Portugal -añora a su amiga Flora: «Era quien??????tiraba de mí»-. «Hace dos años fui a Canarias». Y hace treinta y pico había ido a Tenerife con sus tíos de Ribadeo.
El viaje más evocado
Pero el viaje que evoca con mayor entusiasmo fue a Roma, con sor Solema, fundadora de la Residencia Betania. «Fue maravilloso, por la Costa Azul... Me quedó gran amistad con un fraile que conocimos, el padre Juan, que ahora está en Huesca». El café París cumplirá 36 años el 24 de julio. «No me arrepiento de nada», recalca Alicia. Ni siquiera de haber rechazado una tentadora oferta de compra del local, hace un par de décadas. «Me ofrecieron 60 millones, para abrir un banco. 'Si no tuviera hijos diría que sí', le contesté al señor».