Ataque al colegio Galdín

JUAN A. GALLEGO

A MARIÑA

LA TRIBUNA | O |

08 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

DEFENDER la no demolición del colegio Rivera Casás de San Ciprián y oponerse a la construcción de una plaza pública y un espacio verde en el centro de la localidad es una opción legítima. Claro que sí, como cualquier otra. Oponerse a la reunificación escolar exigida por la baja natalidad y un descenso significativo de matriculaciones de alumnos y evitar que el centro escogido para albergar a nuestros hijos sea el más nuevo y mejor dotado, también es una posición respetable. También lo es, que se acepte o no es otra cuestión. Pero que el grupo de personas que conforman la plataforma contra el derribo del colegio Rivera Casás utilicen como estrategia la de intentar paralizar las obras de mejora del otro colegio público es cuando menos infame. Quienes creen que la mejor estrategia es un buen ataque y que ésta ha de dirigirse contra el colegio Galdín, yerran. Porque no lo es. Lo hacen porque de esta forma paralizan nuevos comedores, la instalación de ascensores, mejores aulas o una circunvalación que permita una parada del bus más adecuada que la que existe ahora. En definitiva, mejoras objetivas para la educación de muchos niños, quizás incluso de los suyos propios. En todo este asunto se están sobrepasando muchos límites y eso además de desvirtuar su posición les hará quedarse cada vez más solos, si no son capaces de convencerse de que para defender su colegio no es necesario pisotear otro. En juego está el futuro de todo un pueblo como es San Ciprián y algunos han olvidado este hecho para fomentar una guerra cruzada donde gana el que más daño hace sin ser capaces de entender, así parece, que se hiere también a gente inocente.