LA TRIBUNA | O |
30 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Cualquiera que se pase unos días en Buenos Aires o Mar de Plata podrá comprobar que es muy raro encontrarse a alguien que no sea gallego o no esté emparentado con gallegos, sea por parte de padres, abuelos o bisabuelos y si se libra por este lado, acabará relacionado por vía matrimonial. Los argentinos son gente abierta, toparse con uno en la calle, en un taxi o en cualquier establecimiento significa que te van a preguntar de qué parte de España eres y te van a contar si la conocen o no, con quien de este país están emparentados, cómo fundaron el negocio, si les va bien o mal y lo poco que aprecian a su clase política y a los banqueros. Cualquier acontecimiento diario es tema de intenso debate: sea la visita de los chinos, el desplante de Kichner a los reyes, el discurso de Saramago en el Foro de la Lengua, la paga de 200 pesos para Navidad y la poca confianza que tienen en su sistema. Compartir idioma es un privilegio y un lujo que te facilita la comunicación con todo el mundo, pero ojo, que la misma palabra puede significar lo contrario de lo que se quiere decir y con la comida te perdés y como dice la focense Munda, aquí no hay bús, querido, hay colectivo.