LA TRIBUNA | O |
23 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Vender motos es lo que con mucha frecuencia, especialmente en período electoral, hacen los políticos. Prometen el oro y el moro; da igual que sea un aeropuerto o una universidad que una autovía... Transcurrido el día de las votaciones, todo se queda en nada y de lo prometido, una milésima parte se concede, si hay suerte. La contestación que dio la ministra de Fomento el martes pasado a los alcaldes mariñanos me dejó casi perpleja. Ante los recientes anuncios de algún conselleiro de la Xunta, anuncios que algunos alcaldes del PP insisten en recordar una y otra vez, la actitud de cautela de la ministra me sorprende y no sé si pensar si Doña Magdalena Álvarez es el paradigma de la seriedad, de la mesura y de la responsabilidad política o si por el contrario esconde pocas ganas y voluntad política de invertir en Galicia y hacer la obra. Esto sería tanto como decir que seguimos igual que siempre y que nada ha cambiado y que en esta comunidad estamos condenados a seguir en el vagón de cola; porque no nos engañemos, digan lo que digan el PP y el PSOE, vamos por detrás prácticamente en todo y de forma especial en comunicaciones. Lo único que hay que agradecer a la ministra es que no se pusiera a vender motos para ponerles la cara alegre a los cuatro alcaldes que con ella hablaron y de paso ponérnosla al resto de los mariñanos. ¡Menuda bronca, ministra, de algún político, porque titulé con la decepción de los alcaldes! Fue un titular que yo deduje de los «peros» que expresaron tras salir de la entrevista, y mantengo el titular. En cualquier caso, gracias por no vender motos, y demuéstrenos el próximo año que fue usted simplemente una ministra seria y prudente.