Comiendo al calor del sol

A MARIÑA

PALACIOS

En vivo | El centro de día de Ribadeo sigue con problemas graves, sin apenas calefacción El comedor, en la planta baja, no se usa por el frío y los ancianos comen en la galería, al sol, con un radiador que trajeron las monjas por su cuenta del asilo

22 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

«En Guatemala no se siente frío. Únicamente, en diciembre, un poquito». Sor Amelia Estrada procede de América Central, y llegó a Ribadeo con otras compañeras de su orden religiosa, la congregación de Marta y María. Esa compañía atiende el asilo de esta localidad, igual que hace en Mondoñedo y en Foz, y se ocupa del centro de día. Ribadeo no es Guatemala ni en diciembre ni enero, por lo que puede decirse que en el norte de Galicia sí hace frío. Sor Amelia Estrada y su compañera sor Emiliana Díaz comprueban estos días que las diferentes latitudes imponen temperaturas distintas en los termómetros. Lo que no pasaría de ser un proceso de adaptación a un clima diferente se convierte en problema cuando ese frío aparece en el lugar de trabajo y el edificio es un inmueble rehabilitado recientemente para el fin que desempeña ahora. El centro de día de Ribadeo, situado cerca de las calles Ibáñez y Buenos Aires, es un ejemplo de rehabilitación del casco antiguo y ofrece unas excepcionales vistas a la ría. Pero su reciente restauración y su privilegiada situación quedan en segundo plano en días fríos como los de esta semana, ya que la calefacción, con radiadores de pequeño tamaño, no alcanza para calentar las dependencias y obliga a las monjas a aguzar el ingenio para no sucumbir ante las mañanas de helada y de cortante brisa del norte. El calor humano del centro está más que demostrado. Según comprobó ayer a mediodía el autor de esta información, las dos religiosas de la congregación guatemalteca atienden a los usuarios y hablan con el periodista sin perder la sonrisa y el ánimo. Pero el comedor, una de las dependencias de la planta baja, no se usa estos días porque resulta difícil aguantar la baja temperatura, así que las monjas sirven la comida a los usuarios en la galería, situada en la parte posterior. Un radiador traído del asilo caldea la parte acristalada, en donde se comen los menús preparados también en el asilo: ayer tocaba sopa y albóndigas con verdura. El centro abre de 9,30 a 19,30. Las dos monjas reciben a nueve usuarios al día, cuatro por la mañana y cinco por la tarde. A los ancianos que llegan por la mañana se les da un desayuno _café con leche, pan o tostadas, precisan las monjas_, y al mediodía se les sirve la comida que se prepara en el asilo. Por la mañana y por la tarde se realizan ejercicios y terapias con los residentes, que además disponen, en una habitación de la planta baja, de diversos aparatos que les permiten ejercitarse. En otra sala de ese mismo piso está el otro radiador que las monjas llevaron para hacer frente al frío. El centro de día de Ribadeo, pionero en la comarca en este tipo de actividad asistencial, se puso en marcha por la colaboración de la Xunta, del Concello ribadense y de la sociedad benéfica local La Concordia. Una placa colocada cerca de la entrada principal recuerda que el edificio fue inaugurado varios meses antes de las elecciones municipales del año pasado. Lo que no se percibe al visitar las instalaciones es ningún eco de las polémicas mantenidas por el gobierno local (PSOE-BNG) y por la oposición (PP) sobre las deficiencias: los populares las han denunciado varias veces, y el gobierno municipal les ha recordado que el centro se rehabilitó y se inauguró cuando ellos gobernaban. Ajenas a las refriegas dialécticas de los concejales y a las disputas que mantienen en los medios de comunicación o en los plenos de la corporación, las monjas van y vienen de la galería a la cocina o de una habitación a otra mientras trabajan con diligencia y sonrisas.