Di adiós al estrés, pero en el agua

Probamos un deporte de moda este verano: yoga en tabla de pádel surf

Adiós al estrés en plena naturaleza Probamos un deporte de moda este verano: yoga en table de pádel surf
Fotos: JOSÉ PARDO

Sí, relaja. Mucho. Y sí, hace falta algo de rodaje para conseguir desconectar por completo. Después de tanto escuchar hablar de él, hace unos días me lancé a probar una de esas disciplinas que resultan de la unión de otras dos: el SUP yoga, es decir, yoga sobre una tabla de pádel surf. El club Náutico Folixa de As Pontes me invita a comprobar que esa combinación tiene sentido, que no es al azar. Así, que allá vamos. En un entorno, a todo esto, perfecto, el río Eume.

Os voy a confesar algo: nunca había hecho yoga, nunca había subido a una tabla igual y no, tampoco me había embutido -la operación bikini sigue sin surtir efecto- en un traje de neopreno. Una vez subida la cremallera, Iván Pena, presidente y monitor de pádel surf del Folixa, me da unas nociones básicas de lo que controla, el pádel surf. Los tres elementos imprescindibles son la tabla hinchable; el remo ajustable; y el invento, el cordón que une el tobillo al aparato.

Los otros cuatro participantes en la clase y la profesora, Isabel Salgado, ya están preparados, así que toca cruzar el río Eume para llegar a la ubicación elegida para la clase. Para subir a la tabla, el asa es la referencia. Los iniciados -por que los avanzados van de pie-, como yo, tenemos que poner una rodilla a cada lado del asa. La teoría parece fácil, pero me apoyo demasiado atrás y acabo en el agua. El remojón, eso sí, no está de más para activarse antes de la clase. Lo vuelvo a intentar y, ahora sí, me subo y llego al otro lado del río. Isabel inicia la sesión de hatha yoga. 

Miramos hacia el cielo

La postura savasana es la primera. Me tumbo a lo largo de la tabla mirando hacia arriba, cierro los ojos y escucho, además de una caída de agua de lo más relajante, a la profesora. «Palmas de las manos hacia arriba, miran el cielo [...] Vamos a hacer una respiración que llegue hasta el abdomen [...] El aire entra por la nariz y viaja por el canal central hacia abajo», nos va guiando Isabel. Todo está tranquilo, nada altera. Me imagino haciendo esto mismo en un gimnasio y todo lo que me estaría perdiendo. La brisa, el leve movimiento del agua, el olor a naturaleza. Todo suma para, en esta vida de estrés, intentar poner la mente en blanco. Lo consigo sin esfuerzo. Y, poco a poco, vamos variando las posturas: sarvangasana, halasana, matsyendrasana, pachimotanasana, kakasana, kapotasana, tadasana... Isabel, sin la necesidad de mirarla, va traduciendo estas denominaciones en movimientos a realizar.

En cada asana (postura), entramos en meditación; la dificultad va en aumento. Cuando entra en juego el equilibro, hay que decirlo, la desconexión es más complicada. De hecho, vuelvo a probar el agua. No obstante, por el ejercicio que se hace y la facilidad de olvidar todo en un abrir y cerrar de ojos -nunca mejor dicho-, merece la pena.

«Buscamos conectar con la naturaleza, por eso estamos aquí en este lugar mágico», valora al terminar Isabel, que imparte clases en el Sporting Club Casino de A Coruña y en el Mé To Do de Oleiros. «Todos los sentidos estuvieron a flor de piel», explica.

Uno de los alumnos es Gabriel Ramos, que se estrenó en esta disciplina este día. «Es algo distinto, no es la típica experiencia de gimnasio. Y es incluso más deportivo. Entre hacer la salida, estar en la naturaleza y conocer gente nueva, todo ha sido positivo», subraya. También fue la primera vez para Deborah Abad, una acróbata que pronto dará clases en la zona de Bastiagueiro. «Había hecho yoga en interior, pero aquí las sensaciones son mucho más intensas», destaca. Dice que lo más sencillo son las respiraciones y, lo más complicado, a veces, aguantar la estabilidad. Estoy de acuerdo. 

«Le fui pillando el truco»

Dos hermanas de As Pontes, Icía y Paula Fernández, también se animaron a probar el SUP yoga al lado de casa. «Al principio estaba con un poco de miedo, pero después le fui pillando el truco. La clase fue divertida», dice Icía, y su hermana añade que fue mejor hacerlo en el río que en el lago «porque con el oleaje habría sido difícil». El presidente del Náutico Folixa, Iván, asegura que «vio muy bien a todo el mundo a pesar de que era la primera vez». Bueno, a casi todos, que me podía haber ahorrado las zambullidas. Una experiencia 100 % recomendable. La próxima clase será el miércoles de la próxima semana, 1 de agosto, por 29 euros. El contacto para anotarse es el 655 221 544.

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