El fracaso de los negociadores aboca al país a volver a las urnas
08 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.El líder de la formación independentista flamenca NV-A (Nueva Alianza Flamenca), Bart de Wever, rechazó ayer la última propuesta de reforma del Estado federal en Bélgica y torpedeó así el enésimo intento de formar un Gobierno estable tras los comicios de junio del 2010. Con su nueva negativa, Bélgica, que ha batido todos los récords de país sin Ejecutivo estable, se acerca cada vez más a un extremo que, en principio, nadie desea: una convocatoria electoral en septiembre, menos de dos años después de las anteriores elecciones, que no han cerrado la crisis entre las dos principales comunidades enfrentadas: flamencos (al norte, de lengua neerlandesa) y valones (al sur, de lengua francesa).
En un análisis recogido por el rotativo flamenco De Standaard, los expertos especulan con la fecha del primer domingo de septiembre, día 4, para esa nueva consulta. Entre quienes ven con peores ojos una nueva ronda electoral figura el rey de los belgas, Alberto II, a quien la noticia del rechazo de esta nueva oferta negociadora tomó por sorpresa, mientras visitaba una fábrica de galletas artesanales en Bruselas.
«Nuestra esperanza era decir sí [a la última propuesta], pero, lamentablemente, tras un análisis profundo, nos parece que no representa una buena base», comentó De Wever sobre el documento de 110 páginas, popularmente llamado «nota Di Rupo». Entre las propuestas que realizó su redactor, el líder de los socialistas francófonos, Elio Di Rupo, figuran numerosas concesiones a los independentistas de la N-VA, entre ellas el traspaso de competencias, ahora federales, a las regiones y a la comunidad de Flandes. Entre ellas, figuran varias en materia de sanidad, empleo, ayudas familiares, o la regionalización del impuesto de sociedades, además de un vasto proyecto de reforma de la Justicia y de ahorro, en pleno período de crisis (cerca de 30.000 millones de euros en cuatro años).
También se preveía la escisión del distrito electoral de Bruselas-Hal-Vilvoorde (BHV), en la periferia norte de Bruselas (ya en Flandes) como pedían los flamencos, y que fue el detonante que precipitó el hundimiento del anterior gobierno, lo cual desembocó en las elecciones de junio de 2010.
Este nuevo rechazo de los independentistas supone que el pequeño país del Benelux, en la encrucijada entre Francia, Alemania y Países Bajos, siga con un gabinete interino encargado de gestionar los asuntos corrientes, pero incapaz de tomar decisiones de mayor calado, por ejemplo, respecto al presupuesto federal de 2012. De momento sigue en su puesto de primer ministro en funciones el democristiano Yves Leterme, pero con las manos semiatadas.