Ahmadineyad se ha visto envuelto en una disputa no solo con el ala conservadora que domina el Parlamento, sino también con los clérigos, pilar del régimen.
25 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, está encontrando cada vez más dificultades para ejercer como jefe de Estado, mientras los conservadores han encontrado en el Parlamento una vía para bloquear sus iniciativas.
Sus esfuerzos para fusionar los Ministerios del Petróleo y de Energía, designarse a él como titular y nombrar a un ministro de Deportes o a un viceministro de Asuntos Exteriores se han visto bloqueados o directamente rechazados en el Parlamento.
Desde abril, Ahmadineyad se ha visto envuelto en una disputa no solo con el ala conservadora que domina el Parlamento, sino también con los clérigos, pilar del régimen.
Sus críticos le reprochan ahora apoyar la «corriente desviada», un término con el que se acusa a sus colaboradores de querer socavar el poder de los clérigos. Varios de sus colaboradores han sido arrestados. Uno de los casos más recientes y notorios es del viceministro de Asuntos Exteriores, Mohamad Sharif Malekzadeh, acusado de corrupción. «Las acusaciones judiciales son solo un pretexto para encubrir los al parecer muy profundos roces ideológicos entre conservadores y los hombres del presidente», dijo un politólogo en Teherán que no quiso ser identificado.