Il Cavaliere podría tener que renunciar a la ley mordaza y a iniciativas legislativas que lo benefician personalmente
INTERNACIONAL
Las consecuencias de la ruptura entre Silvio Berlusconi y Gianfranco Fini pueden ser desastrosas para el primer ministro italiano. La más directa es la pérdida de la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y la dificultad para conseguirla en el Senado, lo que le complicará hacer pasar algunas leyes que muchos en Italia ya han denominado como «ad personam», porque su primer beneficiario es Berlusconi.
La más controvertida, y la que puede sufrir más obstáculos, es precisamente la ley mordaza, con la que intenta regular las escuchas telefónicas. El proyecto, que ha provocado la protesta de numerosos colectivos, entre los que se cuentan periodistas, magistrados y policía, tenía que haber pasado por la Cámara estos días.
Aunque su votación ha sido reenviada al mes de septiembre, seguramente será retirada. No en vano, entre sus más duros opositores están los diputados finianos, sobre todo Giulia Bongiorno, presidenta de la comisión de Justicia en la Cámara. Bongiorno, que saltó a la fama cuando consiguió la absolución de Giulio Andreotti, acusado de colaborar con la mafia, obligó con sus críticas al Gobierno de Berlusconi a dar marcha atrás en algunos de los puntos más polémicos de la ley.
Otra consecuencia podría ser la caída del Gobierno y un adelanto de las elecciones. En este escenario, la recién nacida Futuro y Libertad para Italia podría aliarse con partidos de centro, como la Unión Democrática de Centro (UDC), de Pierferdinando Casini.
Los últimos escándalos que han salpicado a destacados miembros del Pueblo de la Libertad, acusados de formar parte de organizaciones mafiosas y masónicas, han sido la gota que colmó el vaso de la paciencia de Gianfranco Fini, que siempre ha defendido la necesidad de moralizar la corrupta política italiana.
El matrimonio entre Fini y Berlusconi nunca fue fácil. Como aliados, durante el anterior Gobierno no faltaron los motivos de desacuerdo entre ambos. La idea de Berlusconi de unirse en un solo partido, en principio no fue muy bien acogida por Fini, que terminó cediendo en marzo del 2009. Ya en abril pasado la tensión entre ellos fue elevada cuando, durante una reunión del partido que fue ofrecida en directo por televisión, el presidente de la Cámara se enfrentó con un «¿qué, me echas?» a un Cavaliere que lo había invitado a dimitir.