El impresionante despliegue de color, luces, sonidos y hasta aromas fue seguido con fervor y emoción por cientos de miles de espectadores en el centro de Buenos Aires.
26 may 2010 . Actualizado a las 09:37 h.Un impactante desfile artístico con el sello del vanguardista grupo teatral Fuerzabruta cerró hoy en las calles de Buenos Aires los multitudinarios actos por el bicentenario argentino.
El impresionante despliegue de color, luces, sonidos y hasta aromas fue seguido con fervor y emoción por cientos de miles de espectadores en el centro de la capital argentina.
El desfile, que incluyó 19 cuadros sobre diversos momentos y aspectos de la argentinidad, fue seguido desde un palco por la presidenta argentina, Cristina Fernández, y sus colegas de Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela, quienes se mostraron por momentos entusiastas y por momentos sorprendidos ante el despliegue.
Aunque el espectáculo ideado por el argentino Diqui James, director de Fuerzabruta y co-fundador de la mítica compañía De La Guarda, pasó por diversas atmósferas, sin dudas uno de los momentos de alto impacto fue la quema de un libro gigante de la Constitución argentina, una representación de la última dictadura militar.
Esa escena dio paso a otra que silenció por completo al público: un carro alegórico con Madres de Plaza de Mayo, con sus tradicionales pañuelos blancos, iluminados como faros en la noche, mudas, bajo una intensa lluvia, reclamando la aparición con vida de sus hijos desaparecidos durante los años negros de la represión.
También bajo una intensa lluvia desfilaron soldados de la guerra de Malvinas, portando cruces. Sus rostros con un grito mudo -como el de las Madres de Plaza de Mayo-, sin embargo, no se correspondieron ésta vez con el silencio del público, que coreó al unísono «¡el que no salte es un inglés!».
Menos emotivas pero altamente atrayentes por su impacto visual fueron otras escenas, como el paso de un carro alegórico sobre la industria argentina, con acróbatas con arneses -uno de los sellos de Fuerzabruta-, que dejó especialmente boquiabierto al presidente chileno, Sebastián Piñera.
La acrobacia también estuvo presente en un carro alegórico en homenaje a la inmigración, un barco de 30 metros de largo con la representación de todas las colectividades, y en un cuadro sobre las recurrentes crisis económicas que dejaron «colgados» a los argentinos.
Además, la República Argentina, encarnada en una joven acróbata, voló sobre los espectadores enfundada en ropas celestes y blancas.
La explosión musical llegó con la representación del retorno a la democracia, en 1983, a través de un desfile de carnaval, expresión popular que había sido reprimida por la dictadura.
El ritmo de la murga contagió a Cristina Fernández, que no paró de bailar y hasta lanzó nieve artificial desde el palco.
También sorprendente fue la escena dedicada al tango, con los músicos de una orquesta típica tocando en vivo sobre techos de taxis, mientras parejas de baile subían y bajaban de los coches al ritmo del «2x4».
La música estuvo además presente en el turno del campo argentino, con danzas folclóricas e incluso sensaciones aromáticas, con un apetitoso asado de carne argentina.
Ya sobre el final, de tono futurista, una gran burbuja transparente con estudiantes y científicos representó la educación y dejó paso a un carro con pinchadiscos que mezclaron grandes éxitos del rock argentino, en un estallido de algarabía, con una multitud que se lanzó a bailar en las calles en medio de un espectáculo de fuegos de artificio.