El jefe del Kremlin dice que hay que dejar de vivir de las rentas de la extinta URSS
13 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El discurso anual sobre el estado de la nación que el presidente ruso dirige a diputados, senadores y miembros del Gobierno se ha convertido en un formalismo obligado que cada vez entusiasma menos a los rusos y que muchas veces queda en retoques. Ayer, Dmitri Medvédev expresó la necesidad de lanzar una profunda modernización social, económica e industrial del país para dejar de vivir de las rentas heredadas de la extinta Unión Soviética y obtener el «estatus de gran potencia».
«En lugar de una sociedad arcaica, en la que los líderes piensan y deciden por todos los demás, tendremos una sociedad de personas inteligentes, libres y responsables», lanzó Medvédev. Según él, el país necesita más democracia, pero sin que ello lleve a la «desestabilización y división» del país. «Cualquier intento de perturbación bajo el amparo de eslóganes democráticos será perseguido», advirtió, y se comprometió a perfeccionar la legislación electoral.
Ayer, precisamente, el dirigente opositor de La Otra Rusia, Eduard Limónov, fue condenado a 10 días de arresto por convocar el 31 de octubre una manifestación no autorizada.
Rusia heredó de la Unión Soviética la industria del gas y el petróleo, las tecnologías espaciales y las armas nucleares.
Criticas veladas a Putin
El jefe del Kremlin resaltó que «la costumbre de vivir a costa de las exportaciones frena el desarrollo innovador» de la economía rusa, que «resultó más afectada que otras por la crisis financiera global» y que sigue siendo «vergonzosamente poco competitiva». Medvédev declaró inviables las gigantescas corporaciones estatales creadas por Putin y ordenó a su Ejecutivo reducir la presencia del Estado en la economía.
El líder ruso criticó así implícitamente a su antecesor en el Kremlin y actual primer ministro, Vladimir Putin, que no consiguió iniciar la modernización del país en sus ocho años de vacas gordas, pese a que los precios del crudo estaban por las nubes.
Evidenció una vez más que la corrupción es una seria lacra para el país. Pero, a su juicio , el problema más importante que padece Rusia es la violencia que se vive en Chechenia y en las repúblicas vecinas.
A diferencia del año pasado, el presidente ruso se mostró más prudente al hablar de la política exterior. Medvédev sugirió la necesidad de mejorar las relaciones con Occidente a fin de que contribuya, mediante inversiones, al desarrollo de Rusia. Sin embargo, ordenó un nuevo rearme del Ejército ruso.