Con el correr de las horas, los argentinos van conociendo más detalles del llamado Chacal de Mendoza o monstruo de Mendoza , el hombre que violó a una de sus hijas durante veinte años y con la que tuvo siete hijos-nietos.
Armando Lucero tiene 65 años y 22 hijos: 8 con su esposa, 6 con su concubina y 7 con una de las hijas que tuvo con esta última.
A los 22 años fue conductor de autobús y se casó con una niña llamada Andrea, de 13 años, con quien tuvo 8 hijos en menos de 10 años. Esa mujer relató ayer a los periodistas que «cuando los niños comenzaron a ser grandes, él empezó a acercarse a ellos de un modo que no me gustaba. No me gustaba cómo los tocaba. Además era demasiado violento conmigo».
A mediados de la década de los sesenta, Lucero trabajaba en el hotel Plaza en la ciudad de Mendoza, «pero dejó su trabajo y me lo dio a mí, creo que era para estar más tiempo con los chicos. Entonces lo eché de casa. Se fue y me quedé con los 8 niños, sola. Siempre tuve la sensación de que abusó de alguno de ellos, pero no lo pude comprobar. Le perdí el rastro hasta que apareció uno de los hijos que tuvo con quien era su nueva pareja, de eso no hace mucho», cuenta Andrea.
Mientras todo eso sucedía, Lucero había conocido a otra mujer, que hoy tiene 56 años, y es oficial de Justicia en el Poder Judicial. Con ella, Lucero tuvo 6 hijos. Algunos nacían alternadamente con los que tenía, a su vez, con su esposa.
A una niña que tuvo con esta mujer, Lucero comenzó a violarla a la edad de 9 años. A los 15, la chica quedó embarazada y tuvo un varón; luego una niña, y después 5 hijos más (hace 2 años tuvo su último parto), todos con su padre.
Sintiéndose impune, Lucero iba a buscar a la escuela a sus hijos-nietos y no dejaba salir del domicilio a su hija.
«Su vida consistía en ver televisión todo el día, y dormía en un colchón, solo, en la cocina. Se cree que ahí se consumaron las últimas violaciones. A los 7 hijos que tuvo con mi hermana los hicieron pasar como de ''padre desconocido''. Es decir que mi hermana salía de las clínicas como madre soltera», explicó Gerardo, uno de los hermanos de la víctima, que tiene 37 años y también vive en Mendoza.
Otras hijas de Lucero «también sufrieron vejaciones, solo que ellas pudieron escapar», relató Gerardo, quien le adjudica a su madre haber desviado la investigación cuando iban las asistentes sociales a su casa para establecer la veracidad de sus denuncias. «Ella las atendía y les decía que no pasaba nada, que todo estaba normal». Hoy, Gerardo pide justicia. Y sabe que el camino acaba de empezar.