La Policía holandesa investiga si el hombre que causó cuatro muertos con su coche pretendía atentar contra la familia real.
01 may 2009 . Actualizado a las 00:25 h.La situación tenía mucho de cinematográfica pero el horror que se le dibujó a la princesa Máxima en la cara obedecía absolutamente a la realidad cuando poco antes de la mediodía, en la localidad holandesa de Apeldoorn, un tipo de 38 años enfiló su coche a toda velocidad contra el autobús descubierto que conducía a la familia real de los Países Bajos a las celebraciones del Día de la Reina, una conmemoración instaurada en 1949 para homenajear a la difunta soberana Juliana.
El suceso fue captado por las cámaras de televisión que retransmitían la evolución del cortejo por la avenida principal de Apeldoorn, localidad situada a unos 90 kilómetros al este de Amsterdam: a bordo de un autobús blanco y azul descapotado la familia real viajaba desenfadadamente hacia el lugar de la conmemoración cuando en la misma avenida y por detrás irrumpió un pequeño Suzuki de color negro. El coche cargó contra la multitud que presenciaba el paso de la comitiva, dejando tras sí un reguero de muertos y heridos. Al cierre de esta edición se contabilizaban cuatro fallecidos y trece con lesiones, cinco de los cuales se encuentran en estado muy grave.
El turismo no alcanzó su objetivo de arremeter contra el autobús que trasladaba a la primera familia holandesa por cinco o seis metros. Con el parabrisas hundido y astillado, y la parte delantera de la carrocería completamente deformada por los encontronazos con las vallas que protegían al público y con las propias personas arrolladas, el pequeño vehículo acabó por estrellarse contra la peana en piedra de un gran monumento situado a la izquierda de la calzada, que estaba protegido por un enrejado y que saltó también por los aires.
Abandonar el vehículo
La Policía se echó encima del conductor, que no pudo abandonar el vehículo en un primer momento, ya que se encontraba herido de gravedad. Las imágenes mostraron que el primer agente en llegar al coche circulaba en bicicleta. El autor de la tragedia, a quien las cámaras no llegaron a mostrar, aunque luego fueron difundidas numerosas fotos en las que aparecía con la cabeza ensangrentada caída sobre el lado izquierdo, movía pausadamente una mano, mientras en las cercanías los servicios de urgencias atendían a las víctimas esparcidas por el pavimento. Algunas de ellas, bañadas en charcos de sangre, no daban señales de vida.
El autobús real prosiguió su marcha mientras sus regios pasajeros retomaban consternados a sus asientos. Pudo verse al príncipe heredero Guillermo reconfortando a su esposa Máxima Zorreguieta mientras ésta, con las manos tapándose la boca, comenzaba a ser consciente de que podían haber sido objeto de un atentado. Las festividades quedaron suspendidas por orden del Gobierno.
Ludo Goosens, representante de la Fiscalía, manifestó una vez que las cosas se calmaron que el conductor del Suzuki era, efectivamente, de nacionalidad holandesa, y que tiene 38 años.
Confirmó su detención y que podía ser acusado de haber intentado atacar a la familia real. El autor del múltiple atropello confesó en un primer momento haber actuado de manera intencionada, aunque sin explicar sus motivos. Goosens también apuntó que no tiene antecedentes penales ni problemas psiquiátricos
Herido y hospitalizado, el responsable de los hechos «no está en condiciones de declarar», dijo el representante de la Fiscalía quien, sin embargo, precisó que no había indicios de que hubiera actuado en el marco de una organización y con propósitos terroristas. Pero la componente ideológica en el atentado no estaba descartada. Por la tarde, la Policía pasaba a tamiz el domicilio del conductor, en Huissen, según los medios locales.
La reina Beatriz, profundamente consternada, emitía un comunicado mediada la tarde, en el que manifestaba que «lo que comenzó como un día maravilloso ha terminado en un drama terrible, que nos ha conmocionado profundamente».
Aunque la dinastía de los Orange es antigua y sólida, la realeza holandesa es relativamente asequible y goza del respeto del gran público. La reina, de cuya abdicación en favor del príncipe heredero se habla insistentemente estas últimas semanas, es querida por amplios estratos de la población, aunque resulte cierto que Holanda ha sufrido grandes transformaciones sociológicas estas últimas décadas, debido a la llegada de inmigrantes en masa y al irresoluto problema de una delincuencia de altos vuelos, ligada al negocio de la droga.
Se trata, en fin, de una corona popular, que se desplaza a las celebraciones reales en autobús descapotado, convencida de hallarse en casa. Es posible que los sucedidos introduzcan cambios en esos hábitos.