¿Es la antesala del cambio en Cuba?

Natasha Vázquez

INTERNACIONAL

Tras la sorpresa inicial, los isleños viven con expectación el nuevo Gobierno y la defenestración de dos pesos pesados

08 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«¿Te enteraste? Se acabó el mundo, cambiaron a todo el Gobierno», comentaba de forma algo alarmada Josefa Hernández, una dependienta de 58 años, al llegar el pasado miércoles a la tienda donde trabaja.

El anuncio de la sustitución de altos cargos del país y varios ministros cogió por sorpresa a la mayoría de los cubanos, aunque el presidente Raúl Castro había reiterado en varias ocasiones la intención de acometer una reestructuración de las instancias de Gobierno.

Los nombres que más impactaron en la lista de bajas del Ejecutivo fueron los del secretario del Consejo de Ministros, Carlos Lage, y del ministro de Exteriores, Felipe Pérez Roque, considerados los más relevantes entre los pocos representantes en el poder de una generación más joven.

Caído en desgracia

En el caso de Lage, los rumores de que algo ocurría con él circulaban desde semanas antes por las calles. «Se decía que había tenido problemas, que había caído en desgracia, se especulaba mucho, porque lo cierto es que hacía rato que no se le veía», comenta Jorge Azcuy, taxista.

Sin embargo, incluso después de la publicación de sus cartas de renuncia, en la que ambos dirigentes se autoinculpaban, el misterio persiste. «No se conocen muchos detalles de lo ocurrido. Supongo que la explicación que den es la misma de ocasiones similares, que no es el momento oportuno, pero la verdad es que estoy cansada de que nunca sea el momento», dice Yaima, una joven arquitecta.

Esta vez, la nota oficial fue bien escueta, se limitaba a informar de los movimientos de cuadros y reestructuraciones aduciendo que «hoy se requiere una estructura más compacta y funcional, con menor número de organismos de la Administración central del Estado». Dos ministerios se fusionaron y un total de nueve cambiaron sus titulares.

Entre las caras nuevas del Consejo de Ministros hay varios relativamente jóvenes, en ciertos casos promovidos desde la segunda fila de los propios ministerios. Una jugada que algunos interpretan como un posible primer paso para echar a andar en otros cambios más profundos.

Uno de los recién nombrados es el general Salvador Pardo, ministro de la Industria Sideromecánica. «Es lógico que Raúl coloque en puestos clave a la gente que mejor conoce y en la que más confía», dice Roberto, un militar retirado. «Pero no creo que sea una militarización del Gobierno, sino que fue en la Fuerzas Armadas donde primero se aplicaron métodos de perfeccionamiento de empresas para aumentar la eficiencia, mejorando además las condiciones de vida de sus trabajadores, así que quizá aquello era una especie de ensayo para cambios económicos a nivel del país».

Fiel intérprete

En el caso de Felipe Pérez Roque, el mérito que se alegó cuando hace diez años asumió el puesto de jefe de la diplomacia cubana básicamente fue su condición de «fiel intérprete del pensamiento del comandante en jefe».

Ahora lo sustituye Bruno Rodríguez, un abogado con experiencia diplomática incluso en la sede de la ONU. «Quizá esté mejor preparado para lidiar con la era Obama», especula la profesora Maricela González.

Más allá de los motivos que pudieron llevar a las destituciones y nombramientos, la pregunta que se hacen muchos es qué representarán estos cambios para el cubano de a pie. ¿Es acaso la antesala de transformaciones más radicales, un intento de que echar a andar el país? Antonio Ruiz, un hombre humilde que ha estado en primera línea de muchas batallas de estos cincuenta años, lo resume así. «Da igual quienes sean los que gobiernen, si consiguen que mejoren de una vez por todas las cosas para el pueblo».