El resultado del referendo profundiza la división en Bolivia

Arturo Lezcano

INTERNACIONAL

El recuento provisional respalda a Evo Morales con el 63%, pero también salen reforzados tres de los gobernadores autonomistas

12 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Dos postales contrapuestas en la noche electoral ilustran el momento que vive Bolivia. En La Paz, los seguidores de Evo Morales coreaban al unísono «ahora sí, revolución y mano dura». En Santa Cruz, los autonomistas gritaban «ahora sí, autonomía». Es evidente que el referendo, lejos de cerrar heridas y abrir caminos de entendimiento, refuerza las tesis de unos y otros y deja la sensación de que todos ganan, lo que hace vislumbrar un futuro poco prometedor para la cohesión de Bolivia.

Según los sondeos a pie de urna (los resultados definitivos se conocerán el jueves), el referendo dejó una victoria inopinada para Morales, con un 63% de apoyo, casi diez puntos porcentuales más que en el 2005, y basada en su tirón electoral en el altiplano y en el rural. Pero al mismo tiempo confirmó que en la Media Luna (Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando) es persona no grata: allí perdió y, además, se hizo patente el respaldo mayoritario a los gobernadores.

Rubén Costas, el de Santa Cruz, sacó un 66% y se apresuró, como el gobernador de Tarija, a anunciar medidas para ampliar la autonomía. Los precedentes violentos de la semana pasada hacen pensar que el vacío institucional se prolongará mientras no se sienten a dialogar. Un buen inicio podría ser el de arreglar el entuerto de Cochabamba. En ese departamento fue revocado el mandato de Manfred Reyes, que nunca admitió el plebiscito (ni siquiera fue a votar el domingo) y que anunció que seguirá al frente de la provincia. Es decir, o lo sacan a la fuerza o no se mueve de su puesto. Por ley, el presidente podría destituirlo, pero en Bolivia todo es posible. No es gratuito recordar que varias provincias orientales llevaron a cabo referendos autonómicos incompatibles con la Constitución del país.

Siguiendo el lenguaje de los analistas, el « empate catastrófico» vigente antes del domingo se transforma ahora en « prórroga» , ya que fueron revocados dos gobernadores opositores y uno oficialista, el de Oruro. En el pliego de consecuencias, unos y otros se arrogan carta blanca para profundizar en sus políticas: las provincias, para hacer efectiva la autonomía; el Gobierno, para ahondar en los cambios de lo que denomina «revolución democrática», esto es, la nacionalización de más sectores estratégicos y también de empresas ahora en manos privadas, para escarnio de los autonomistas, de corte neoliberal.

Una brecha abierta en el país

Es un problema de reparto, no solo territorial, sino económico, el que marca la agenda de un país cuya riqueza natural se concentra en los departamentos orientales, los que conforman el bloque autonomista. Son dos mundos contrapuestos en los que también cabe el tema étnico. Para unos, Morales fomenta el racismo con sus tesis indigenistas. Para otros, solo hace justicia después de casi doscientos años con blancos en el poder en un país con mayoría indígena.

Los analistas entienden que tras el plebiscito el Gobierno tratará de sacar adelante el proyecto de una nueva Constitución que refunde el país, con cuestiones espinosas como la propiedad comunal y el derecho indígena, imposibles para la oposición. El caso es que Morales aseguró que los estatutos autonómicos son compatibles con una nueva Constitución. Queda por saber la reacción de los inversores extranjeros.

Desde la llegada de Morales al palacio Quemado, las inversiones cayeron un 8%, fruto de las nacionalizaciones, que ahora promete ampliar. De la pericia para gestionar los equilibrios con la Media Luna y para llevar adelante los cambios saldrá el resultado definitivo del referendo. Sobre el papel, de momento, solo está clara la polarización de un país partido por una brecha.