Tras reabrir su paraíso de hoteles y excursiones al turismo nacional, el balneario cubano de Varadero ha visto llegar a los primeros huéspedes de la isla, un discreto grupo de avanzada que paga feliz por servicios entre los que, sin embargo, aún no se encuentra el poder abordar un barco.
Las nuevas ofertas para los cubanos, que prefieren moverse de incógnito, incluyen desde safaris y alquiler de coches y motos hasta reservas para bañarse con los delfines y pases para jugar en los campos de golf del emplazamiento turístico más famoso de Cuba, situado a unos 150 kilómetros al este de La Habana.
La luz roja ha desaparecido para esas opciones después de que el pasado 31 de marzo las cadenas de hoteles de la isla recibieran la orden del Gobierno de Raúl Castro de dejar de aplicar la prohibición nunca escrita que impedía a los cubanos hospedarse en sus instalaciones.
No obstante, los paquetes de ocio para nacionales aún excluyen los servicios de marina o cualquier oferta con travesía por mar, sobre los que aún pesan múltiples restricciones.
«No hemos recibido ninguna orientación, quizás en un futuro se autorice el uso de lanchas con motores pequeños, pero todavía no se ha analizado», indicó uno de los empleados de la marina Chapelin, tras aclarar que «ningún servicio de ninguna marina está abierto a los cubanos».
Pero esa prohibición es para muchos una reminiscencia insignificante en medio del nuevo panorama del balneario, donde algunos empleados investigan la nacionalidad de los huéspedes para luego felicitarlos con alegría si son compatriotas.
El episodio de, en palabras de cubanos, «humillación» y «privación» que significó no poder alojarse en sus propios hoteles durante 15 años es sustituido ahora por una nueva contradicción: las habitaciones esperan, pero no alcanza el dinero.
En Varadero no hubo el pasado fin de semana un maratón de cubanos haciendo colas en las recepciones ni desplazando a los turistas internacionales. Las habitaciones hay que pagarlas en la moneda fuerte de la isla, el peso convertible en divisas (cuc), que equivale a 1,08 dólares estadounidenses y 24 pesos cubanos, en un país donde el salario promedio es de 408 unidades de esta última moneda (unos 17 dólares). Precios de extralujo al margen, una habitación puede costar entre 125 y 400 cuc (entre 135 y 430 dólares).
A través de una agencia operadora se pueden obtener precios hasta un 40% más baratos, aunque, según fuentes hoteleras, los cubanos no pueden recibir tarifas preferenciales.