El primer ministro de Irak, Nuri al Maliki, se comprometió ayer a continuar la ofensiva contra los milicianos chiíes después de tres jornadas sangrientas, con más de un centenar de muertos, y pese a las voces que reclaman su dimisión. Los combates alcanzaron ayer la ciudad de Kut y proseguían en Basora, donde fue saboteado un oleoducto.
Un grupo de milicianos voló un tramo del oleoducto, provocando un incendio, en el primer ataque a un centro petrolífero tras la amenaza lanzada por los fieles a Moqtada al Sadr. La acción afectó a las exportaciones de crudo iraquí, según un portavoz de la South Oil Company. El fuego fue sofocado, pero las reparaciones podrían llevar dos o tres días.
Varias horas de escaramuzas en Kut causaron al menos 44 muertos (40 milicianos y 4 policías), según el jefe de la policía de esta ciudad chií. Con ellos, asciende a 105 el balance parcial de víctimas mortales desde el martes.
«No vamos a renunciar a nuestro compromiso. Negociar con los forajidos es contrario a la Constitución. Su sola opción es abandonar las armas y dar garantías de que van a respetar la ley», aseguró Maliki un día después de dar un ultimátum de 72 horas a los milicianos de Al Sadr. Mientras, grupos de seguidores del clérigo radical se manifestaban en Bagdad para exigir la dimisión del primer ministro.
George W. Bush elogió a Maliki por su ofensiva y se mostró confiado en su éxito, aunque le llevará cierto tiempo vencer a los milicianos. Las fuerzas iraquíes han recibido el apoyo del Ejército de EE.?UU. Maliki supervisa personalmente la operación, que oficialmente persigue a los forajidos y criminales, y en la que se evita designar al grupo de Sadr como objetivo principal.