Una de las mayores alegrías que me he llevado últimamente ha sido ver cómo el formato España directo ha resucitado en La Sexta como Verano directo. Y no solo porque en él trabajen compañeros a los que aprecio, entre ellos la guapa Alba Lago, sino porque un espacio capaz de reflejar fielmente la actualidad y en el que el espectador pueda ser, además, actor, es no solo bueno, sino necesario. Y he empleado el verbo resucitar porque el programa se me aparece aún más fresco de lo que era, en parte gracias a una presentadora, Cristina Villanueva, que tiene empatía con los reporteros, que improvisa con ingenio y que trata de hacer, de la hora de la siesta, un momento idóneo para permanecer despiertos.
Verano directo es una alternativa blanca, entretenida e informativa para los que no gusten ni de animales ni de animaladas, para los que entiendan que la vida ya es suficiente culebrón coma para andarse con telenovelas y para aquellos que aún creen en la televisión como un servicio público y no a la inversa, o sea, en un público al servicio de la televisión. Esperemos que la audiencia remonte y el otoño que viene sea también directo.