Semana de pasión

Beatriz Manjón

GENTE

22 mar 2008 . Actualizado a las 22:03 h.

Soy de ese tipo de gente que frecuenta a doña Cuaresma más que a don Carnal, quizás porque prefiero las confidencias de amiga a los requiebros de amigo, o simplemente porque no gasto máscara ni me va la diversión por decreto y gusto de entregarme a los períodos de reflexión con mi santo, que es devoción y penitencia a un tiempo, y lo hago descalza, con esterilla, saludo al sol y más silencios que olés.

De todo menos Pantoja le han debido decir por la tierra del color especial a Kiko Rivera, que se ha llevado a su santa particular, Teresa, a un balcón para que viéramos que en verdad la tentación vive arriba, luce melena de virgen y se entrega a la pasión con una energía que ya quisieran para sí algunos costaleros. Vamos, que con Techu, que así la llaman, Paquirrín ha llegado al techo emocional, o sea, al éxtasis, y ha querido, en medio de una procesión y a plena luz del día, compartir arrumacos y don de lengua, que no de lenguas, con todos menos con la señora de la casa, una Omaíta ?César Cadaval? ajena por completo al calentamiento que se producía en su terraza. Y es que al niño parece habérsele subido, además de la libido, el éxito a la cabeza ahora que pertenece a la hermandad de los Grandes Hermanos, o sea, esos que van en procesión de discotecas y dejan que los curiosos se hagan fotos y hasta les toquen la calva.

Tirándose de los pelos está Belén Esteban, la cenicienta de San Blas, que ya tiene quien la quiera y quien la vista. Serán unos grandes almacenes, porque ella es grande y del pueblo, colaboradora de rebajas, con descuento en exclusivas y promoción del «¿me entiendes?». Pronovias y Rosa Clará, las firmas que, según parece, se han negado a venderle a la Esteban modelos de prêt à porter (contraviniendo el significado de la expresión francesa, listo para llevar), han salvaguardado las ilusiones de tantas niñas bien a las que les podría haber dado un vahído viendo cómo su traje lo portaba con andar de barrio un maniquí tan mediático como diabético. Belén afronta la afrenta cacareando en su púlpito mañanero, pero alguien debería decirle que la venganza más cruel es el desprecio de toda venganza posible.