«Es desolador, no lo creo aun viéndolo»

J. santos CANGAS / LA VOZ

GALICIA

Lágrimas y abrazos entre la plantilla, que sufrió impotente el incendio

19 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

El incendio de la histórica conservera Lago Paganini revolucionó Cangas de madrugada y durante casi todo el día de ayer. Hubo lágrimas, abrazos y mucho nerviosismo por parte de los trabajadores. La sensación fue de impotencia. Asistían incrédulos a las labores de extinción que comenzaron los bomberos de O Morrazo (luego tuvieron la ayuda de los parques de O Salnés y de O Porriño), contemplando cómo las llamas arrasaban por completo su lugar de trabajo, condenándolos de forma casi segura al paro.

«Esto es desolador. No lo creo aun viéndolo», decía a media mañana una empleada con los ojos llorosos, observando las ruinas humeantes. Los miembros de la plantilla que presenciaban el siniestro no podían dar crédito. Ernesto Fernández, que trabaja en Lago desde hace casi 29 años, estaba ayer ante la nave con su mujer, una de las encargadas de la fábrica, y su hijo, también empleado. Los tres irán al paro. Como ellos, dijeron, hay varios casos de familias enteras que trabajan en esta conservera. Ayer no sabían todavía qué piensa hacer el empresario. Manuel Lago y su familia también fueron testigos en primera fila de la voracidad de las llamas.

La plantilla de Lago Paganini tenía previsto hacer la tradicional cena de Navidad el próximo viernes, día en el que iban a iniciar sus vacaciones. Hasta el sábado estuvieron trabajando a tope para preparar todos los pedidos de estas fechas. El empresario les había adelantado que para enero estaba previsto mantener la misma actividad. «Para los tiempos que corren, estábamos pasando por un momento muy bueno», confirmaba Diana Martínez, encargada de la conservera. La demanda era abundante pese a la crisis y en la fábrica se mantenía un fuerte ritmo de trabajo.

El nerviosismo también se apoderó por momentos de la familia responsable de la nave adyacente, la de Conservas Iglesias. Hubo un momento en que sus propietarios llegaron a darla por perdida al ver cómo se extendía el fuego. «Se salvó por minutos», relataba el alcalde de Cangas, José Enrique Sotelo (PP), que estuvo presente en la zona y se fundió en un abrazo con más de un trabajador.

Algunos vecinos relataban el susto que sufrieron por la noche al oír las explosiones de material. «Yo, como muchos, creí que se trataba del Ayuntamiento, porque está al lado», contaba Carlos Soliño.